viernes, 29 de mayo de 2009

No - mente



El secreto de Iaido esta en actuar con el espíritu tranquilo. Con el corazón apaciguado usted sujeta la empuñadura de su espada – en un segundo su mano se mueve para reducir al adversario y rechazar el ataque de su espada – luego se vuelve al estado de tranquilidad inicial.

La serenidad del espíritu se debe cultivar siempre. Se dice que la espada es como la mente, y si la espada es vertical, la mente es vertical. Pero si la mente no es vertical, es decir coherente, la espada nunca se puede manejar correctamente.

Después de las primeras diez mil repeticiones, puede que el alumno comience a pensar que entiende el significado de un ejercicio, luego de cien mil se empezará a dar cuenta de que el camino hacia la maestría es muy largo. En el caso excepcional del espadachín que llega a cortar un millón de veces con la espada, y que además tiene mucha suerte, se desarrollará un tipo de percepción muy inusual y que pocas personas experimentan alguna vez.

Los grandes maestros no han dejado de repetir que la maestría más alta es vencer sin combatir. Consideraban que su arte no debía servir para matar, sino para proteger la vida.

Un hombre superior no es turbado ni por las situaciones más inesperadas, ya que tiene una gran alma y una gran meta”, decía a menudo Funakoshi Gihin. Aquel que no pueda dominarse frente a un peligro corre el riesgo de volverse agresivo y de reaccionar violentamente. De esta manera entra en el juego del adversario. A veces, puede creer incluso que está amenazado cuando en realidad no sucede nada.

Reaccionar violentamente es una solución fácil. Permanecer tranquilo es signo de fortaleza.

En la tradición oriental el agua es el elemento natural que mejor simboliza el wu-wei, la no-resistencia: “El agua no se opone a nada, y de esta manera nada puede enfrentarse a ella”. “El agua cede al cuchillo sin ser cortada. Es invulnerable ya que no muestra resistencia”.

En las artes marciales no está el tiempo de espera. La victoria y la no victoria, la vida o la no vida, se deciden en un instante. Hay que vivir en el instante: aquí es donde la vida y la muerte se deciden totalmente.

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