viernes, 8 de mayo de 2009

Sin pensar, sin razonar la acción surge repentinamente!!


Observa, piensa, conviértete, olvida todo y empieza.

"La maestría llega cuando el corazón y la mente ya no son influenciados ni por el propio ego, ni por el adversario, su espada o su habilidad, ni siquiera por la amenaza de muerte; todo es vacío, y hasta la idea de vacío desaparece para dejar que surja la acción perfecta y espontánea".

Querer sacar el sable es la técnica del principiante, Poder sacar el sable es la técnica del experto, Ser el sable es la técnica del Maestro.

Ni la caligrafía ni la pintura, permiten el más mínimo arrepentimiento. La obra largamente trabajada termina surgiendo, natural como una fuente. En este estadio no hay intervención de la persona, es el pensamiento del cuerpo que actúa. El artista vive plenamente su obra, expresión de la vía, expresión de vida. El misterio de las cosas tal cual son.

Los grandes maestros no han dejado de repetir que la maestría más alta es vencer sin combatir. Consideraban que su arte no debía servir para matar, sino para proteger la vida.

Vencer sin combatir no está al alcance de cualquiera. “Un hombre ordinario desenvainará su sable si se siente ridiculizado y arriesgará su vida, pero no será considerado como un hombre valiente. Un hombre superior no es turbado ni por las situaciones más inesperadas, ya que tiene una gran alma y una gran meta”, decía a menudo Funakoshi Gihin. Aquel que no pueda dominarse frente a un peligro corre el riesgo de volverse agresivo y de reaccionar violentamente. De esta manera entra en el juego del adversario. A veces, puede creer incluso que está amenazado cuando en realidad no sucede nada.

Mientras que el que conserva el dominio de sí en todas las situaciones puede enfrentarse con toda lucidez, con todos sus medios. Reaccionar violentamente es una solución fácil. Permanecer tranquilo es signo de fortaleza. Es lo que expresa Lao Tse en una de sus sentencias famosas del Tao Te King: “Imponer su voluntad a los demás es una demostración de fuerza ordinaria. Imponérsela a sí mismo es un testimonio de verdadero poder”.

Cuando escuches en tu interior reconocerás la fuerza del silencio, sentirás tu vida en tu propia respiración y sentirás el flujo de tu propia energía, tu propio ki, cuando seas capaza de controlar tu propio ki con la fuerza de tu mente, nada en esta tierra podrá resistirse a tu voluntad ni a tu poder. Porque cuando se inicia el camino las montañas son montañas y los ríos son ríos, pero con el tiempo las cosas dejan de ser y la mente falsea la realidad, la esencia misma de todo lo que existe, solo el que persevera lograra ver que las montañas vuelven a ser montañas y los ríos, ríos.

Concentrarse significa la salida completa, la descarga total de la energía. Esto debe encontrarse en cada uno de los actos de nuestra vida.

Durante un combate, si se economiza un resto de energía, no se puede ganar. Este es un secreto de las artes marciales. No debemos depender de los wasa, de la técnica. Hay que crear. Si un hombre rico da dinero a su hijo, éste no aprende a ganarlo.

Las artes marciales no son un teatro ni un espectáculo.

En las artes marciales no está el tiempo de espera. La victoria y la no-victoria, la vida o la no- vida, se deciden en un instante. Hay que vivir en el instante: aquí es donde la vida y la muerte se deciden totalmente.

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