viernes, 21 de mayo de 2010

Espiritu - Iai


Interrogado por sus discípulos sobre qué significaba el IAIDO, dijo lo siguiente: Vayan y observen por la ventana el árbol que decora nuestro gakko y jardín; párense cerca de la ventana y miren cómo de la rama más alta están por caer tres hojas, una más pequeña y las otras casi iguales en tamaño. Los discípulos, descreídos y presurosos, hicieron lo que sensei les había comentado. Al posar sus ojos sobre la rama, observaron cómo se desprendía la primera hoja y luego de una pausa, empapadas por una enorme tensión, cayeron finalmente las dos restantes. Los discípulos, con lágrimas en los ojos, corrieron presurosos a postrarse a los pies del maestro. Shuta dijo entonces: levántense y entiendan esto, aquel que pueda anticipar todas las cosas del mundo visible e invisible, está en IAIDO. (Extraído de Crónicas japonesas - Nakanishi Shuta 1616-1679, de HITEN NI ODO RYU).
Uno de los principios más estudiados por las escuelas más antiguas del Zen era el principio del equilibrio existente entre lo externo y lo interno considerándolo como imprescindible para alcanzar la maestría. Hubo grandes maestros de sable como contemporáneo de Musashi el maestro Munemori que se interesó en profundidad por el estudio del Zen desarrollando teorías sobre la actitud Zen posiblemente fundamentadas en los conocimientos del maestro de maestros de Zen el más grande de todos los tiempos el maestro Takuan. Este maestro siempre daba la misma respuesta a la pregunta de maestro ¿cual el verdadero camino? Él respondía el verdadero camino es el de la mente ordinaria. La teoría que tenia este maestro sobre la mente ordinaria era el estado mental sin fijación alguna por tanto cualquier actuación era libre, no presta atención a nada dando paso a una maestría natural espontánea donde cualquier cosa que hagamos dará una sensación de facilidad gracias a ese vacío mental (MU).
Hay una máxima Zen que reza así
“Esto es, pero si lo fijas, ya no es”.

El maestro Takuan en sus explicaciones a sus adeptos de sable en el afán de hacerles comprender el principio de la espontaneidad en la práctica cotidiana del arte les hacia entender que aunque comenzaban como simples practicantes cuando alcanzaban el conocimiento inmutable tendrían que volver a conseguir el mismo estado de espontaneidad cuando eran principiantes pues no hay capacidad de valoración sobre una buena disposición y actuación del cuerpo a través de la técnica. Es mas tarde cuando comenzamos a tener en cuenta las referencias teóricas que hacen que las mente este ocupada confundiéndonos por tanto. Solo la práctica diaria hace que la técnica que realizamos se adapte sin ya ocupar nuestra mente comprobamos entonces el gran principio de las artes marciales representado por el circulo “que el principio es el final”.

jueves, 20 de mayo de 2010

El interior


El Kendo tiene un espíritu en su práctica que va más allá de una actividad técnica. En esgrima se dice que una persona sólo puede ganar un combate si su espíritu lo puede ganar.
Un maestro siempre necesita de un alumno para poder seguir siendo maestro.

En el Kendo se trata de no pensar, dejar que los pensamientos fluyan, fortalecer el espíritu por medio del Zen.

La práctica del Kendo va más allá de ser de una actividad técnica, guarda un espíritu en ella, se requiere del aprendizaje de ciertos valores y esta enseñanza tiene un efecto residual a largo plazo, lo aprendido brota luego de continuar practicando durante muchos años.

“para entender hay que practicar” y no pensar en el tiempo, lo que ahora no se entiende, luego de mucha práctica se entenderá. No existe el entendimiento a través de la teorización, viene de la práctica. La técnica depende de la maduración personal, es importante que la persona crezca fortaleciéndose por dentro. Con los años la técnica también se verá favorecida por ese desarrollo interno, siempre las 2 cosas iran juntas, lo más importante es practicar.

La diferencia entre un atleta y un budoka es que el primero puede interrumpir su entrenamiento por razones personales (cansancio, trabajo etc.) pero el budoka no, la práctica es lo que lo fortalece, es parte de su vida. Se puede comparar al mar, cuando uno está parado a la orilla, nos maravillamos de lo enorme que es, pero al nadar, bucear y ver el fondo, su profundidad, comprendemos su verdadera dimensión. El Kendo es así, al ir interiorizándose en él descubrimos su real inmensidad."

Es un arte sin techo, uno va a tener 100 años de edad, y aun le van a haber quedado cosas por aprender. También, al ser un estilo de vida, hay que tomarlo con seriedad y perseverancia.

martes, 18 de mayo de 2010

Los Samurai y la Flor de Cerezo


Las flores del cerezo suelen caer muy pronto. La flor del sakura es delicada y con el viento enseguida cae. Así, se puede disfrutar de su belleza y al caer en su plenitud, no da tiempo a verla marchitar. Esto guarda relación con parte del código samurai en Japón. Es más, el emblema de los guerreros samurai era la flor del cerezo. La aspiración de un samurai era morir en su momento de máximo esplendor, en la batalla, y no envejecer y "marchitarse", como tampoco se marchita la flor del cerezo en el árbol.

Se ha dicho que los samurai podían permanecer por horas embelesados, contemplando una flor de cerezo, paradójicamente en un abrir y cerrar de ojos, podían dejar un mar de sangre derramada sobre la tierra.


La Sakura (Flor de Cerezo en japonés) encierra un poderoso encanto que ha trascendido hasta nuestros días y no deja de perfumar la atmósfera moral, por eso fue elegida en el medioevo como símbolo del espíritu Samurái; porque nace a la salida del sol, y cae de la rama al mediodía para morir, en el esplendor de su belleza. Y el Samurái, al igual que la Sakura, en el apogeo de su sabiduría en el arte de la lucha, se entregaba a la muerte sin temor por el sentido del Deber, el Honor y la Lealtad.
La máxima aspiración del Samurái era cumplir con los preceptos de la Vía (Do) y transformarse en un noble caballero, con un estilo de vida austero, sostenido por la lealtad y sentido del deber que estaban aún por encima del instinto natural de preservación de la propia vida.
  • “Si alguien pregunta cuál es el alma de Yamato,
    es una flor de cerezo que perfuma al sol naciente”
    Motoori Norinaga
  • “Si un hombre ve a alguien que actúa mal, y no hace nada para detenerlo, como puede seguir llamandose hombre”.
Existen dos variedades del sakura, una en blanca y otra en un tono rosa pálido. Hay una leyenda japonesa que dice que antes, las flores del cerezo eran sólo de color blanco.
La leyenda de la flor de Sakura

Durante la Era mejí, en Japón, era muy común que se fuera a buscar a las casas a los mejores samuráis, sin importar lo viejo que fueran. Durante años se mantuvo una guerra que se cobró numerosas vidas.
En esta época florecían los árboles de Flor de cerezo o flor de ciruelo.
Entonces, no era de extrañar que las mujeres casadas con samuráis se quedaran solas, por lo que estableció una ley en la que se le prohibía a la mujer casada de un samurai en batalla que se viera con otro hombre que no fuera de su familia. La ley establecía que cualquier mujer seria libre de casarse o juntarse con amigos si ésta probaba que su esposo había muerto en combate. Curiosamente en registros nunca se encontró ninguna mujer ejecutada por esta ley, y sin embargo se encontraron tantas muertas como samuráis de distintas zonas.
Ninguna de estas mujeres fue asesinada, ellas mismas lo hacían con el nombre de su esposo muerto en batalla si éste era un samurai. Esto siempre lo hacían frente a un árbol de flor de cerezo que con la sangre que absorbía se fue tornando rosada.
Siempre que salía un samurai de su casa se sembraba un árbol de Cerezo en su honor... O por si era necesario.

lunes, 12 de abril de 2010

Tai Chi Chuan



El tai chi chuan es considerado a menudo como una simple gimnasia terapéutica solamente interesante para las mujeres y los ancianos. Las apariencias engañan. Los movimientos son ejecutados lentamente durante años. Sin embargo, más de un temible experto ha lamentado amargamente un enfrentamiento con un Maestro de tai chi chuan . El secreto de este arte está en su nombre: la traducción literal significa en efecto “la acción” (chuan) de la energía (chi) en el cuerpo (tai). Verdadera Vía de la alquimia taoísta, el tai chi chuan revela al buscador paciente la llave de la ciencia de las energías. Y por lo tanto una cierta invulnerabilidad.. a condición de que no olvide que uno de los nombres dados a este arte es “la lucha contra su sombra”.


El tai chi chuan, cultivado por los maestros taoístas, representa una de las artes marciales más perfectas. Es al mismo tiempo un arte de combate, una terapia, una danza simbólica y una meditación del cuerpo. Como su nombre lo indica, este arte consiste en gobernar la acción de la energía en el cuerpo. Los Maestros afirman que hay que conservar el chi original ya que de la misma manera que mantiene la pureza del Cielo y la calma de la Tierra, permite la realización de un Hombre”.






De la misma manera que el Maestro Takuan aconseja dejar que el ki invada la totalidad del cuerpo, los taoístas y los Maestros del tai chi chuan afirman que el cuerpo humano es parecido a la tierra: posee ríos subterráneos. “Si estos ríos no son obstruidos, la circulación de la energía se produce naturalmente”. Esta sabiduría del cuerpo parece haber sido olvidada por un número demasiado grande de expertos contemporáneos que confunden “dominio del cuerpo” con musculatura, endurecimiento, resistencia y condición física “destructora”. Sin embargo, los adeptos taoístas no dejan de poner en guardia: “Un practicante del Tao preserva su cuerpo físico con la misma atención que tendría hacia una piedra preciosa, ya que el Tao no puede ser alcanzado sin el cuerpo...”

jueves, 18 de marzo de 2010

Los danes


Una ideología no se expresa en grados o dan (escalones). Con mucha frecuencia, el grado marca la debilidad en lugar de designar la fuerza. Del mismo modo, el espíritu de competición nos parece la puerta grande que se abre a la envidia, la duda, los celos, y también al orgullo, sentimientos todos que se sitúan al margen opuesto del Arma de Vida.

Si algunos supieran que su 2.º o 3.º dan no es, en realidad, más que un 2.º o 3.º escalón (tal es la traducción exacta del término japonés), imagino que gastarían menos tiempo en fantasmas inútiles. Sólo se llega a la pureza de los grandes maestros desentendiéndose de cuanto obstruye el espíritu.

Un día, alguien preguntó a un maestro que no llevaba grado porque siempre estaba vestido con un hakama blanco, signo evidente de pureza,
- La razón es simple – confesó el maestro -, el blanco es tanto más fácil de lavar… esta respuesta lacónica desmitifica por sí sola toda esa ornamentación de indumentaria, parodia del “conocimiento”.



Un alumno de artes marciales resultaba derrotado constantemente durante las prácticas por un contrincante más capaz. Había usado todo el repertorio de movimientos estratégicos y cada uno había sido contrarrestado enseguida. Al final de la contienda, sintiéndose derrotado, fue a ver al maestro para que le aconsejara. El maestro, ala verlo disgustado, dibujó en el suelo una línea de unos dos metros.

- ¿Cómo puedes acortar esta línea? – le preguntó.

El estudiante observó la línea y dio varias sugerencias, incluyendo cortar la línea en varias partes. El maestro sacudió la cabeza y dibujó una segunda línea, más larga que la primera.

- ¿Cómo la ves ahora?

- Más corta – dijo el alumno.

El maestro asintió:

- Es siempre más adecuado mejorar tu propia línea o conocimiento, que tratar de cortar la línea de tu contrincante.

jueves, 11 de marzo de 2010

Pensar sin pensar


Sigmund Freud no se sorprendió al encontrar algo “peculiar” en el cerebro. Él postuló su existencia. Y lo llamó El Censor. En el Zen nosotros lo llamamos nuestro Yo Búdico. Este estado espontáneo es precisamente el estado sin ego que un artista marcial lucha por lograr. Una historia budista muy antigua nos ayuda un poco más a clarificar las diferencias entre el pensamiento espontáneo y el pensamiento maquinado:
Un novicio se acerca a un maestro Zen y le suplica que lo acepte como discípulo. – Te acepto – dice el maestro – con la condición de que puedas decir una palabra de verdad. Regresa cuando puedas decírmela. El novicio se retiró y comenzó a pensar hasta que decidió que tenía la palabra
correcta. Entonces él regresó a donde su maestro y se arrodilló frente a él. A la señal del maestro, el novicio en baja voz pronunció – Buda.
- ¡Fuera de aquí, tonto – gritó el maestro – y no regreses hasta que puedas pronunciar una palabra verdadera!
Otra vez el novicio piensa y piensa y decide que ha encontrado otra palabra. Entonces regresa de nuevo a su maestro, se arrodilla y susurra – Amor.
- ¡Fuera de aquí, tonto – gritó el maestro – y no regreses hasta que puedas pronunciar una palabra verdadera!
El novicio piensa en algunas otras palabras y finalmente decide que tiene una. Regresa a su maestro y se arrodilla frente a él, el maestro lo patea. Y el novicio salta y grita – ¡Ay! Siéntate – dice el maestro. – Has pronunciado una palabra verdadera.

Los pensamientos generados en la consciencia del ego son usualmente pensamientos comprometidos al servicio del ego. Ellos son el producto de la deliberación y como tales tienen un tiempo lineal de manufactura. Las intuiciones espontáneas, simplemente porque ellas ocurren sin ninguna consideración de las ventajas o los detrimentos, no pueden descarriarse ni desviarse, son directas, inmediatas y verdaderas.
En un ambiente monástico, el entrenamiento es continuo y sin interrupción siendo un proceso completo e íntegro. El desarrollo del novicio siempre ha sido atendido ya sea en un área u otra. Para el novicio impaciente siempre ha sido un misterio la forma en que se desenvuelve el currículo espiritual, pero su entrenamiento en las artes marciales es usualmente claro y explícito. Un acercamiento, que ha tenido una carrera legendaria larga y colorida, es caracterizado en la siguiente anécdota:

Un novicio entra en un monasterio preparado para una instrucción teológica seria, solamente para descubrir que a cada monje en la institución se le ha dado permiso de pegarle o patearle, no sólo a voluntad, sino en los momentos más inesperados, y en los lugares más improbables. Él puede estar caminado en el jardín, o trabajando, o comiendo, o sentado en su privacidad, cuando de repente un monje que está pasando por allí lo ataca. Los golpes son duros y dados al azar, y llegan de diferentes direcciones, por lo que el novicio, descorazonado y atacado por lo que parece ser una perpetua novatada, rápidamente duda que pueda sobrevivir su primer año de novato, o incluso la primera mitad de él. Dado que él no puede iniciar el ataque, se encuentra a sí mismo en una situación curiosa: antes que pueda contar un golpe, debe primero ser capaz de bloquearlo – y además de esto, él carece de la destreza para hacerlo. Desgraciadamente él no posee armas de fuego. Dentro o fuera de un monasterio, la mejor forma de tratar con un problema es, por supuesto, evitarlo; y el novicio rápidamente aprende a determinar cuando un golpe es inminente. Él estudia el acercamiento del monje. ¿Es su expresión diferente justo antes de golpear que cuando pasa sin intentar hacerlo? Cuando él golpea, ¿vendrá su golpe de la derecha o de la izquierda? ¿Con el puño o con la mano abierta? ¿De arriba o de abajo? ¿A qué punto él dirige su mirada cuando está golpeando? El novicio llega a ser extremadamente observador y pronto reúne un compendio de los más increíbles y sutiles gestos y características acerca de sus atacantes en potencia. Ni un ligero matiz pasa desapercibido. Él no tiene otra alternativa en esto: no puede mantener la tensión de una alarma constante, una sirena de alarma que no cesa. Todos los animales tienen un modo de ataque, de actitud, o postura; y los humanos, siendo miembros del reino animal, comparten esta característica de conducta. La discreción es todavía la mejor parte del valor; y un entendimiento preciso de las intenciones de un oponente en potencia es mejor que un estado constante de Alerta Roja. Así que el novicio se somete a un juego de entrenamiento, una competencia de entendimiento, ingenio y sentido común que requiere una concentración enorme; y la concentración, como sabemos, es el primer paso en la meditación. Es en este punto, que el curso de un simple practicante difiere del diestro. El sine qua non [el resultado] del verdadero artista marcial es su conducta pacifica y su paz, como pasa, en el estado vanagloriado del Budismo. Siendo los Budistas Zen los artistas marciales de las destrezas más mortales y completas, no son otra cosa que la calma y la serenidad. En la superficie, la paradoja define la incongruidad: el guerrero pacífico. ¿Funcionan estas características opuestas a pesar de cada una o por cada una? Tomemos una mirada simple admitiendo su oposición aparente. Al igual que el cerebro tiene dos mitades independientes pero cooperativas, el cuerpo tiene dos sistemas nerviosos autónomos: el simpático y el parasimpático.

El sistema nervioso simpático es activado cuando se origina el temor, la furia, el dolor, y peculiarmente la eyaculación seminal. A través de soltar adrenalina en la corriente sanguínea, se produce un aumento en la rapidez de los latidos del corazón y de la presión arterial, y una sequedad en la boca. El estado mental concomitante es de preservación propia, y la atención se ajusta y enfoca hacia las demandas egoístas. Las entradas sensoriales disminuyen. Cuando estamos luchando por nuestras vidas, no disfrutamos las fragancias de las flores. No sabemos en que nota estamos gritando. Y la valiosa seda marca ‘Gucci’ la penetramos con un cuchillo de acero, destrozándola sin apreciar su belleza.

El sistema parasimpático es activado para alimentar los deseos sexuales. La presión arterial y latidos del corazón disminuyen a medida que segregamos saliva hasta el punto de babear. Los besos largos y húmedos o el filete miñón con salsa Bernesa: en los dos, las bocas jugosas estánpresentes. En ese momento la sangre se necesita en todas partes menos en las extremidades del cerebro y las piernas y todo disminuye para dejarnos disfrutar su ‘alberca central’. El estado mental concomitante es cordial, expansivo y apreciativo de los sentidos. Olemos los perfumes. Gustamos de la canela. Escuchamos el chasquear de la carne al freírse o sentimos la más leve y tenue brisa en nuestra oreja. Pronto, estamos completamente alerta del momento a medida que lo disfrutamos y compartimos. Asumiendo que no somos psicópatas o pervertidos, estamos pacíficamente gozosos y de ninguna forma, buscando por pelea.

Entonces, no deberíamos sorprendernos, que las técnicas de meditación faciliten respuestas parasimpáticas, que el hambre y la preparación para la alimentación son excelentes incentivos para agudizar la alerta sensorial, y que a los artistas marciales o a los meditadores siempre se les ha aconsejado que no practiquen ‘con un estomago lleno’.

A medida que el cuerpo se relaja, la mente se expande. La actividad del cerebro disminuye para incrementar el estado de alerta. Las ondas del cerebro van desde la conciencia alerta, aunque normal de los ritmos comunes de beta hacia alfa, más lenta y alerta a los sentidos, siguiendo hasta los ritmos de la theta, con frecuencias asociadas con los estados de relajación profunda, alerta subliminal, y la majestuosa Zona Meditativa. Claramente, un combatiente que experimenta miedo o dolor, inhibe la habilidad de entrar en la Zona. La primera de las disciplinas necesarias que el artista marcial debe dominar es Pranayama, la ciencia de controlar la respiración y circular la energía. Cada programa de entrenamiento incorpora su práctica rigorosa. Cada “forma” de arte marcial debe ser aprendida con la inhalación y exhalación en la respiración apropiada de acuerdo a con los movimientos coreográficos. Naturalmente, estas formas deben ser practicadas hasta que se hagan reflexivamente. Igualmente como frecuentemente manejamos un automóvil en el tráfico, frenando en la luz roja, y evadiendo los transeúntes tan frecuente como posible, con todos nuestros movimientos automáticos, y teniendo
nuestras mentes embebidas en otros escenarios, así que los estudiantes de las artes marciales deben aprender las formas variadas tan completamente que puedan ejecutarlas inconscientemente.
La respiración controlada invariablemente disminuye el ritmo de la respiración, iniciando una curva biológica de consecuencias: porque la respiración disminuye, la presión arterial baja, el estado de alerta aumenta, y en este estado relajado y no vulnerable, se puede entrar a la Zona meditativa. El artista marcial debe mantener una conducta pacífica, dado que, antes de que su mente pueda entrar a la zona superior del estado meditativo, ella debe pasar a través de esta etapa ‘base’ de relajación. La tensión, un producto del miedo, la ansiedad, la agresividad, el dolor o la furia, causará a su sistema nervioso simpático la segregación de adrenalina; y esto le impedirá de experimentar este necesario estado de alerta tranquilo. Todas las líneas subliminales de información serán por lo tanto obstruidas.
Preservar la paz es una compostura singularmente militar. El entrenamiento Budista del estudiante complementa su régimen físico. El Camino Óctuplo requiere que él examine todas sus acciones para determinar si ellas son inofensivas, generosas, autónomas, y en dirección hacia su madurez. El estudiante que desatiende su desarrollo espiritual inmoviliza su progreso, lo detiene al nivel de la conciencia atlética. Debe importarle verdaderamente el bienestar de los otros seres humanos. Debe dedicarse a su salvación tanto como a la suya propia. Debe ser receptivo con sus necesidades, gentil en su ayuda, y generoso en su perdón. En todo esto debe personificar la humildad. Este es el entrenamiento Budista básico sin importar si la disciplina es arreglar flores, servir el té, el arco y la flecha, o la esgrima. Por lo tanto, no es desde los motivos completamente altruistas que el maestro de las artes marciales insiste sobre el código esencialmente pasivo del Wushidao/Bushido. El peleador resistente e imperturbable debe instalarse por sí mismo en la Zona de no-ego de la atención absoluta, por ejemplo, el estado meditativo puro.

Por lo tanto, en cualquier situación en la que haya una confrontación, el maestro instruye a sus discípulos a reducir el estrés o la tensión: el guerrero debe primero enérgicamente luchar para evadir el conflicto a través de eliminarse él mismo elegantemente de la ecuación argumentativa. Si su antagonista persiste, debe tratar de debilitar la ansiedad de su irritación disculpándose por haberlo ofendido inadvertidamente. Debe asegurarle a su antagonista que no tiene ninguna intención de causarle ninguna inconveniencia o humillación sugiriéndole caminos pacíficos para resolver la disputa.
La totalidad del entrenamiento de las artes marciales es: la introducción de los valores Budistas del amor y la comprensión; la adquisición de un estado natural de vigilancia; el perfeccionamiento en el trance-inducido o hiperestesia (la habilidad de responder a la data subliminal); la obediencia disciplinada a las reglas de la batalla; la observancia clara e inequívoca a los objetivos de paz; la aceptación de la humildad que promueve el control de la mente y el cuerpo; y las destrezas de combate adquiridas a través de una práctica constante.
El secreto del maestro es que funde en su destreza una seguridad de pensamiento. Nunca llega a ser emocional. Su enfoque es sobre la reconciliación y no sobre la preservación o la postura egoísta. Si no puede sentir completamente amor genuino por su antagonista, puede por lo menos sentir respeto y benevolencia. Se siente más honrado en ceder que en conquistar. La actitud del guerrero Zen se logra y se mantiene en el angosto y comparativamente largo balance del entrenamiento – por un lado marcial y por el otro espiritual – en una progresión circular trazada
indefinidamente en las disciplinas de la meditación. Esta es la observancia y acatamiento del Credo del Paladín: El Wushidao.
Conclusión
Los maestros Zen frecuentemente dan muchas cosas por sentadas. Nosotros somos como maestros de escuela que encuentran un error en la forma que un estudiante deletrea una palabra y le exigen que le diga por qué deletreó la palabra incorrectamente. El estudiante responde – yo no sabia que la escribí incorrectamente. Entonces miramos a sus ojos y le ofrecemos un consejo sabio, “Si no sabes como deletrear una palabra, búscala en el diccionario”. Un consejo para la vida
entera. Desgraciadamente, asumiendo que estamos suficientemente inspirados por la duda para abrir el diccionario, muy a menudo tenemos que saber como deletrear una palabra antes de que podamos buscarla. El inglés es así de raro. Como también lo es el Zen.
Los maestros de artes marciales exigen que un estudiante enfoque su atención en el Hara. Se cree, correctamente o no, que el peso del cuerpo es proporcionadamente distribuido alrededor de ese punto y que es una clase pivote de balance. – ¡Concéntrate en el Hara! La instrucción es la misma en todas partes. Pero en ninguna parte, aparentemente, nadie puede decirte con precisión cómo hacerlo. Un maestro de Aikido una vez me confió que su maestro le había insistido fervientemente que se sentara en meditación “concentrándose en su Hara” y habiéndosele dicho que el Hara era un punto que se encontraba “un par de pulgadas más abajo del ombligo y detrás
de él”, él trató de concentrarse en esa zona. Me dijo que por meses se sentó allí tratando de visualizar sus intestinos. Esto fue un poco desconcertante y diríamos carecía de cierta estética. En su lugar, decidió imaginarse que su Hara era una estrella y que un grupo de planetas imaginarios rotaba alrededor de su universo abdominal. El esfuerzo le brindó una nueva comprensión y conocimiento en la astronomía pero no contribuyó en lo absoluto a profundizar su Zen. El Hara es un lugar. Es un lugar especifico en el abdomen donde la aorta, la arteria mayor del cuerpo, se desvía en dos para llegar a ser las arterias femorales (de los muslos). La sangre que atraviesa la aorta, se mueve bajo una gran presión y cuando choca a su paso esta bifurcación se golpea al entrar en ella.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Bonsais


Los bonsáis fueron vistos en la naturaleza por aquel entonces, con un alto grado de espiritualidad, ya que admiraban la forma que habían sobrevivido los árboles de las altas montañas, que por fuertes vientos, y su lucha contra la naturaleza, le dieron formas increíbles, y a su vez pequeñas.
ALGUNAS REFLEXIONES:
* "El hecho de que su árbol nunca pueda estar terminado es parte de la aventura y el misterio del Bonsáis".

* "La perfección no es bella, lo bello es la imperfección ordenada."

* El Bonsáis es un arte y mucho del proceso de formación sigue siendo un misterio, eludiendo la palabra escrita.

* El año próximo habría sido el pasado si este año fuera el año siguiente al próximo.



El Maestro preguntó al aprendiz: ¿Qué ves?
- Un viejo árbol medio podrido.
El Maestro dijo: Ves, pero no ves, en él duerme un Dragón. Más tarde el aprendiz pregunta a un alumno más experimentado: - ¿Qué debo hacer? puesto que sólo veo un viejo árbol podrido.
A lo que el otro sonriente le responde: Yo empezaría por quitar lo podrido, pero sin despertar al Dragón.

* Si dudas entre cortar una rama o no, córtala, ya no hay duda.

* Durante la clase el discípulo increpa al maestro; " Maestro, siempre que nos cuenta una historia, no nos revela su auténtico significado. A lo que el maestro responde: "¿Te gustaría que alguien, al ofrecerte una jugosa fruta la masticara antes?".