jueves, 30 de septiembre de 2010

KI (ENERGIA INTERNA)

En las artes marciales, la técnica es diferente en judo, en kendo o en el tiro con arco. En zazen concentrarse sobre la postura es igualmente un wasa. El wasa es necesario, pero un judoka que no aprende más que el judo no es un verdadero judoka. En las artes marciales, generalmente, la técnica es indispensable durante diez o veinte años. Pero, finalmente el estado de espíritu es lo primero, esto es particularmente evidente en el tiro con arco. Entre el espíritu y el cuerpo, entre el espíritu y la postura, entre el espíritu y el wasa, la respiración establece la conexión. Finalmente, postura y respiración se unifican. La respiración se vuelve ki (la energía, la fuerza), como el ki de aikido. En el Budo, volvamos a él, hay tres puntos esenciales: la técnica (wasa), la actividad (ki) y el espíritu (shin). En zazen, por la postura, se puede equilibrar el estado de espíritu y la respiración. En un combate, no se puede equilibrar muy bien la respiración ya que sé esta obligado a ejecutar, muchos movimientos. En zazen, al comienzo de la práctica, se encuentran, desde luego, muchas dificultades. Pero, con el tiempo, se puede encontrar fácilmente este equilibrio entre la postura justa, el estado de espíritu y la respiración. Al comienzo conviene practicar la postura conscientemente, pacientemente. Se hace esfuerzo, se estira la nuca, hay que concentrarse voluntariamente sobre la expiración. Después de algunos años, la concentración llega inconscientemente. En zazen, la postura tiene una influencia muy rápida, desde el comienzo; no es como en el Budo en el que solamente después de cuatro o cinco años, mas allá del tercer dan, se puede llevar la concentración sobre otra cosa diferente del wasa. En zazen, desde el comienzo, la postura tiene una influencia sobre la conciencia.
En China, un discípulo de Lao Tsé, Mishotsu, escribió una historia interesante sobre los gallos de pelea:

“Un rey deseaba tener un gallo de pelea muy fuerte y había pedido a uno de sus súbditos que educara a uno. Al principio, este le enseño al gallo la técnica de la pelea. Al cabo de diez días, el rey pregunto: “¿Se puede organizar un combate con este gallo?” Pero el instructor dijo: “¡No. No. No. ! El es fuerte, pero esta fuerza esta vacía, siempre quiere pelear; esta excitado y su fuerza es efímera.”
Diez días mas tarde, el rey preguntó al instructor: “Y ahora, ¿se puede organizar esa pelea?” “No. No. Aún no. Todavía esta apasionado, siempre quiere pelear. Cuando oye la voz de otro gallo, incluso el de una aldea vecina, se encoleriza y quiere batirse.”
“Después de diez nuevos días de entrenamiento, el rey preguntó de nuevo: “¿Y ahora, es posible?” El educador respondió: “Ahora ya no esta apasionado. Si oye la voz de otro gallo, permanece tranquilo. Su postura es justa, pero su tensión es fuerte. Ya no se encoleriza. La energía y la fuerza no se manifiestan en la superficie.”
“Entonces, ¿está listo para un combate?” dijo el rey. El educador respondió: “Quizás”. Se trajeron numerosos gallos de pelea y se organizó un torneo. Pero los gallos de pelea no podían acercarse a este gallo. ¡Huían asustados!.
Por eso no hay necesidad de combatir. El gallo de pelea se había convertido en un gallo de madera. Había superado el entrenamiento de los wasa. Interiormente tenía una energía fuerte que no se manifestaba en el exterior. El poder se encontraba desde entonces en él, y los demás gallos no podían hacer otra cosa que inclinarse ante su seguridad tranquila y su verdadera fuerza oculta.”
Si continuáis, zazen, inconscientemente, naturalmente, automáticamente, podréis llegar al secreto del Budo. Entonces no será forzosamente necesario practicar el judo, el aikido, el kárate o el sable. Los demás no se acercaran. No será necesario combatir. La verdadera Vía del Budo no es competición ni conflicto: esta más allá de la vida y de la muerte, más allá de la victoria y de la derrota.
El secreto del sable es no desenvainar el sable; no hay que sacar el sable, porque si queréis matar a alguien, debéis morir por ello. Hay que matarse a sí mismo, matar el propio espíritu. En este momento, los demás tienen miedo y huyen. Se es él mas fuerte y los demás no se acercan. No es necesario pues vencer. En zazen, concentrarse sobre la expiración crea la ligazón que equilibra la conciencia y la postura. Esta actividad desencadena el impulso equilibrador entre los músculos, los nervios, el hipotálamo y el tálamo. Si continuáis zazen, podréis obtener esto inconscientemente, naturalmente y automáticamente.
“El reflejo de la luna sobre el río no se mueve, no fluye. Solamente el agua pasa.” En zazen, no debéis permanecer sobre un pensamiento, vuestro pensamiento no debe permanecer en ninguna parte. Dejad pasar los pensamientos. De esta manera, podréis encontrar la sustancia del ego. Al principio, si pensáis con vuestra conciencia personal, dejad pasar. Más tarde, el subconsciente aparece. Hay que dejar pasar, aún. El subconsciente también se agota. Así, algunas veces se piensa, algunas veces no se piensa. Después, el espíritu es puro como la luna, como el reflejo de la luna que permanece sobre el agua del río. Pero no debéis cortar vuestros pensamientos. Durante zazen no es necesario decirse: “Debo realizar el reflejo de la luna.” Si se quiere explicar las relaciones entre el espíritu, la conciencia y el verdadero ego, es exactamente como las relaciones entre la luna, su reflejo y el agua del río.
Hacer solamente zazen, shikantaza. Esto es hishiryo, satori. Esto no se puede comprender conscientemente, ni atraparlo. “La sombra de la luna sobre el agua nunca ha podido ser atrapada por la mano.”
El Maestro Takuan es muy célebre en el Zen y en las artes marciales, sobre todo en el kendo, el sable japonés. Educó numerosos samuráis. Tuvo un discípulo muy celebre, el legendario samurai Miyamoto Musachi. Este empleó la frase siguiente: Fu Do Chi Shinmyo Roku. Fu: al principio de una frase marca la negación como en Fushiryo. Do: aquí no es el “Do” sinónimo de Vía. Quiere decir moverse. Chi significa la sabiduría. Shinmyo: misteriosa. Roku: nota. Este titulo significa: Nota misteriosa sobre la sabiduría inmóvil. La postura de Budo, sin movimiento, es la postura de Muso: la no-postura no es solamente el acto de no moverse con el cuerpo, sino también no moverse con el espíritu. Alcanzar el espíritu inmóvil.
¿Qué es un espíritu inmóvil? Hemos visto que el espíritu no debe permanecer sobre nada. Debemos dejar pasar los pensamientos y las ilusiones como nubes en el cielo. Exactamente como: “El reflejo de la luna sobre el agua. La luna no se mueve. El reflejo de la luna no se mueve.” Observar una peonza: al comienzo, cuando gira lentamente, se mueve; después, en plena velocidad, adquiere estabilidad, y ya no se mueve. Al final, como un hombre que ha llegado a viejo, vuelve a oscilar. Finalmente cae. El río fluye y cambia en el curso de su camino. Pero la sustancia de nuestro espíritu, de nuestro ego es exactamente como el reflejo de la luna sobre la agua.” Por eso, si no se permanece sobre un pensamiento, si se deja pasar, la sustancia de nuestro espíritu es Fudo, sin movimiento. Esta sustancia de nuestro ego, de nuestro espíritu es Dios o Buda, el espíritu Zen, el satori, hishiryo.
Por eso, en las artes marciales, aunque un samurai sea atacado por una decena de hombres, puede vencerlos a todos. Eso es lo que se ve en las películas japonesas. Para los europeos, esto parece imposible. De hecho no se trata de teatro. Porque diez personas no pueden atacar a la misma persona al mismo tiempo, sino que vienen una detrás de otra. Cuando un maestro de judo es atacado sucesivamente por diez discípulos, su espíritu cambia rápidamente y se concentra en el instante sobre cada nuevo adversario.
EXTRAIDO DEL:
ZEN Y ARTES MARCIALES
TAISEN DESHIMARU

LA DOBLE VIA



La armonía del cielo y de la tierra


En la práctica del Zen como en la de las artes marciales, es esencial concentrarse sobre la expiración. Esto conduce la energía hacia la parte baja del cuerpo y de la columna vertebral y produce una expansión que da fuerza.
Si practicáis zazen no debéis hacerlo a medias, sino concentraros totalmente sobre la respiración justa y la postura justa; de esta manera el verdadero zazen se vuelve completamente fresco. Si lo hacéis verdaderamente, zazen se revela más difícil que las artes marciales. Pero si lo repetís todos los días, se vuelve Dokan, la esencia, la repetición. ¡También en zazen uno repite para vivir o para morir!
El Budo japonés se ha desarrollado en relación directa con la ética, la filosofía y la religión, y sin ninguna relación con el deporte. Por eso, todos los viejos textos sobre los antiguos Budo que nos han sido transmitidos se sitúan en el nivel de la cultura intelectual y mental, y desarrollan una reflexión sobre el ego. Explican y enseñan la técnica profunda de la Vía.

¿Cómo hacer para practicarla?

Do, que significa en japonés la Vía, no es solamente una técnica, un wasa. Kendo, judo, aikido, kyudo... todo esto es el Budo. El kanji Bu, cuando se analiza, significa detener el sable, parar el combate.
A la ceremonia del té se la llama chado. Al ikebana, arreglo de flores, kado. La caligrafía es Shodo. El perfume, la madera perfumada de sándalo que se consume, es kodo. Kodo Sawaki amaba mucho el kodo. Tenía el mismo nombre. Do, la Vía, significa el método de Vida, la enseñanza para el ego, la vía para comprender en profundidad el espíritu propio. El Budismo, Butsudo en japonés, significa la vía del Buda, o como descubrir realmente nuestra verdadera naturaleza, nuestra naturaleza original. Esto significa también que hay que armonizarse con el cielo y con la tierra con el fin de que el espíritu interior sea completamente libre. Abandonar el egoísmo.
En el San Do Kai (Unión de la esencia y de los fenómenos), de Sekito Zenji (700-790), se dice sobre la Vía: “No hay en ella ni maestro del norte ni maestro del sur.” Y si el Hokyo Zan Mai (el Samadhi del Espejo Precioso) significa la esencia de la Vía, Sho Do Ka (el libro de Yoka Daichi, 649-713, discípulo de Eno) quiere decir: certificar la vía.
Sho: garantía. Do: vía. Ka: canto.
Es pues el canto lo que certifica la vía. Shin-To es Shindo, la Vía de Dios.
El espíritu del Zen, transmitido de la India por Bodhidharma, extendió el Budismo Mahayana en China. Se desarrollo fusionándose con el pensamiento chino para convertirse en la verdadera Vía. Hoy día, el Budismo ya no existe en China, pero Do se ha vuelto una costumbre. Ni siquiera Mao pudo cortar el espíritu de Do. Do Kyo es la enseñanza de la vía que continua hasta nuestros días.

El Zen y la Vía se mezclan en armonía. Por eso, casi todos los grandes maestros Zen dicen Do y no Zen.
Ellos no empleaban la palabra Zen, que sobre todo ha sido retenida por el Occidente.
Un celebre profesor japonés. Yamada Soko (1622-1685) meditó sobre la Vía de los samuráis. Quiso aumentar su cultura y con esta intención impartió una enseñanza especial.
“Si un samurai quiere tener responsabilidades en política, si quiere dirigir a los civiles y convertirse en su jefe, debe realizar la Vía. Por eso, el samurai no debe ser solamente un guerrero, sino que debe, además del Budo, adquirir una cultura intelectual sobre la literatura, el Budismo, la filosofía china y el Shinto, la Vía de los dioses.” El Bushido era la esencia de la educación japonesa que se extinguió después de la guerra. Yo he recibido esta educación ya que los profesores del Bushido daban una educación a la vez militar y civil: Bun Bu Ryodo, la doble Vía, las dos son necesarias, como lo masculino y lo femenino, como las dos alas de un pájaro. La literatura, la filosofía, la poesía, la cultura en general, tienen un lado femenino, y el Budo, arte militar, es masculino. Siempre debe haber una armonía entre los dos. No pueden existir solos, separados. Esto no forma parte solamente de un conocimiento, de un saber, sino que es la vía misma de la sabiduría. Por esta vía, el sabio debe dirigir a los civiles. Por esto, la mayoría de los samuráis debían adiestrarse en la virtud. Debían tener cualidades nobles, cultivar una personalidad elevada, estudiar la historia de las civilizaciones y realizar la Vía. La enseñanza de Yamada Soko no era dada más que a una élite. Los profanos no tenían acceso a ella. Por la fuerza de esta enseñanza total, la Vía del samurai se hizo poco a poco popular en el Japón, y su reputación se extendió en el mundo entero. Porque la sabiduría del Zen había sido su origen.
Con respecto a la cultura de los samuráis y de la vía interior profunda, que penetra el espíritu, Dogen escribió el Ben Do Wa. Ben, es el estudio, la comprensión: Do, es la Vía. Wa, hablar. Ben Do Wa: comprender por los discursos. Este es el método, la enseñanza para comprender la Vía. El Ben Do Wa describe lo que es zazen, la esencia de la Vía. A continuación, explica cómo practicar la vía. En el Gakudo Joshinshu, otro libro importante, el punto de partida es también la pregunta: ¿Cómo estudiar la Vía? este es el libro de la atención, de la vigilancia. La atención de aquel que estudia la Vía.
Además, en el Genjo Koan, se dice: “¿Qué es la vía del Buda?” Es estudiar el ego. ¿Qué es estudiar el ego? Es olvidarse a sí mismo. ¿Qué es Bo Dai Shin? ¿Qué es este espíritu de iluminación de despertar, Bo Dai, Satori? ¡Es la Vía! “No pienses. No busques. No desees. No retengas. No obtengas. No abandones.” Y en el Tendao, se dice que la Vía consiste en seguir todos los fenómenos, en seguir el poder cósmico, el sistema cósmico. Para que el ser humano comprenda esto, le es necesario practicar zazen, esa postura de concentración y de despertar de la que hablan todas estas obras. Porque para que la acción sea justa, es necesario que la meditación la preceda y coexista con ella. Solamente entonces se descubre la verdadera libertad.


EXTRAIDO DEL:
ZEN Y ARTES MARCIALES
TAISEN DESHIMARU

miércoles, 29 de septiembre de 2010

AQUI Y AHORA


Vosotros y yo somos diferentes. ¡Si no se pueden encontrar soluciones a la propia vida se llega a un callejón sin salida! Aquí y ahora, ¿cómo crear nuestra vida? Se proyecta una película y si se detiene, la imagen se vuelve fija, inmóvil. Las artes marciales y el Zen tienen en común la creación y la concentración de la energía. Concentrándose “aquí y ahora” y exteriorizando la verdadera energía de nuestro cuerpo, se puede observar y recargar. Cuando se abre la mano, se puede obtener todo. Si se cierra la mano, no se puede recibir nada. En las artes marciales, hay que penetrar los elementos, los fenómenos, y no pasar al lado de ellos. Las artes marciales son pues esencialmente viriles, ya que el hombre penetra a la mujer. Pero en nuestra época todo el mundo quiere economizar su energía y se vive a medias. Siempre se esta incompleto. Las gentes viven a medias, tibias como el agua del baño. Hay que aprender a penetrar la vida.
Así, el secreto de las artes marciales es aprender a dirigir el espíritu, Ryu Gi. Esto forma la base de las técnicas corporales. El espíritu debe volverse la sustancia. El espíritu es la sustancia, sin forma pero algunas veces tiene una forma. Cuando la actividad del espíritu llena todo el cosmos entero, este espíritu aprovecha las ocasiones, tiene una posibilidad de evitar los accidentes y puede atacar las diez mil cosas en una sola. Esto significa que, durante un combate nuestro espíritu no debe ser influenciado por ningún movimiento del adversario, por ninguna de las acciones de su cuerpo y de su espíritu. Nuestro espíritu debe dirigirse libremente, no tener la esperanza de atacar al adversario, ni dejar de prestarle atención. Se debe estar completamente atento de instante en instante.
En nuestra vida cotidiana es lo mismo. Algunas personas solo piensan en el dinero, ya que este permite satisfacer todo. Ahora bien, por él, pierden su honor. Otros solamente desean honores y pierden su dinero. Algunos se concentran solamente sobre el amor, pierden su dinero y su energía. “Pero nuestra dicha no existe de un solo lado.”
Debemos crear nuestra vida, volvernos libres, desapegados, solamente atentos al aquí y ahora: todo se encuentra aquí.
“El reflejo de la luna en el rió esta siempre en movimiento. Sin embargo, la luna existe y no se va de ahí.” Se queda pero se mueve. En un poema muy corto sobre el secreto del Zen y de las artes marciales, y un gran koan. La corriente del agua no vuelve nunca hacia atrás. El agua pasa, pasa... pero la luna no se mueve. Durante un combate, el espíritu tiene que ser como la luna, pero el cuerpo y el tiempo pasan, pasan como la corriente. El instante presente no vuelve jamás. Durante zazen, cada una de nuestras inspiraciones y expiraciones es la de ahora, y no vuelve nunca. Es posible rechazar la respiración, pero la de ahora no es la de antes. La respiración de después no es nunca como la de antes. Ayer era ayer. Hoy es hoy. Es diferente. Yo digo siempre que debemos concentrarnos “aquí y ahora”, crear “aquí y ahora”. De esta manera, uno puede volverse “fresco”, nuevo. El zazen de hoy no es el mismo que el de ayer. El zazen debe ser siempre fresco, “aquí y ahora”. No debéis relajaros durante zazen, ni durante el entrenamiento a las artes marciales. Hacerlo a medias no es bueno. Hay que hacerlo hasta el fondo darse totalmente. No debemos retener restos de energías. Concentrarse significa la salida completa, la descarga total de la energía. Esto debe encontrarse en cada uno de los actos de nuestra vida.
En el mundo moderno, vemos todo lo contrario; los jóvenes viven a medias y están muertos a medias. Tienen una sexualidad incompleta. Y durante su trabajo o durante zazen piensan en el sexo, e inversamente: así sucede en todos los actos de la vida. Pero si se descarga totalmente la energía, se puede absorber energía fresca que fluye como la corriente del agua.
Durante un combate, si se economiza un resto de energía, no se puede ganar. Este es un secreto de las artes marciales. No debemos depender de los wasa, de la técnica. Hay que crear. Si un hombre rico da dinero a su hijo, éste no aprende a ganarlo. E, inversamente, el hijo de un hombre pobre sabrá crear el método para procurárselo. Las artes marciales no son un teatro ni un espectáculo. Esto no es el verdadero Budo. El secreto de las artes marciales, decía siempre Kodo Sawaki, es que no hay victoria ni derrota. ¡No se puede vencer ni ser vencido! El deporte y las artes marciales son diferentes. En el deporte, hay tiempo. En las artes marciales no hay más que el instante. Por ejemplo, en el baseball, el “bateador” espera la pelota, existe el tiempo: la acción no se produce en el instante. Lo mismo sucede en el tenis, en el rugby en el fútbol, en todos los demás deportes. ¡El tiempo pasa y permite pensar en algo durante un pequeño momento mientras que se espera! En las artes marciales no está el tiempo de espera. La victoria y la no-victoria, la vida o la no- vida, se deciden en un instante. Hay que vivir en el instante: aquí es donde la vida y la muerte se deciden totalmente.


EXTRAIDO DEL:
ZEN Y ARTES MARCIALES
TAISEN DESHIMARU

Dirigir el espíritu


¿Cómo dirigir nuestro espíritu? Esto surge del Zen y no de la técnica de las artes marciales. Las artes marciales más el Zen forman el Budo japonés. ¿Cómo educar nuestro espíritu y aprender a dirigirlo? Kodo Sawaki habla de Kyu Shin Ryu, el secreto del yawara, transmitido por esta escuela en un texto tradicional, uno de cuyos pasajes trata sobre el espíritu tranquilo. He aquí un pasaje de este texto:
“La verdadera técnica del cuerpo, el wasa de esta escuela de yawara, debe ser la sustancia del espíritu. La sustancia del espíritu. No hay que mirar el cuerpo del adversario, sino dirigir nuestro propio espíritu. No hay enemigo.
El espíritu es sin forma, pero algunas veces puede tener una: esto es idéntico en zazen.
Algunas veces se puede atrapar nuestro espíritu, otras veces esto es imposible. Cuando la actividad del espíritu llena el cosmos, que es el espacio comprendido entre el cielo y la tierra, y cuando sabemos atrapar la oportunidad que se presenta, entonces podemos disponer de todos los acontecimientos cambiantes, evitar todos los accidentes y atacar las diez mil cosas en una sola.”

Es un texto difícil de comprender. Pero aquellos que han practicado profundamente el judo comprenden este espíritu.

En el Genjo Koan, otro texto tradicional del que se servía Kodo Sawaki, esta dicho: “Cuando un hombre se aleja en barca de la orilla, se imagina que la orilla esta en movimiento. Pero si baja su vista, justo al lado de su embarcación, se da cuenta de que es ella la que se desplaza.”

Efectivamente, si miramos atentamente, íntimamente, en el interior de nuestra barca, se puede comprender que es la barca la que se desplaza y se puede superar la ilusión de los sentidos. De esta manera, cuando las gentes consideran todos los fenómenos de todas las existencias a través de sus ilusiones y de sus errores, pueden equivocarse y pensar que su naturaleza original es dependiente y móvil. Pero si se volvieran intimas con su verdadero espíritu, y si volvieran a su naturaleza original, entonces comprenderían que todos los fenómenos, todas las existencias están en ellos mismos, y que lo mismo sucede para todos los seres.

La naturaleza original de la existencia no puede ser captada por nuestros sentidos, por nuestras impresiones. Cuando la captamos por nuestros sentidos la materia objetiva no es real, no es verdadera sustancia, sino que es imaginación. Cuando pensamos comprender que la sustancia de nuestro espíritu es tal, es un error. Cada uno es diferente. Las formas y los colores son los mismos, pero cada uno los ve de manera diferente a través de sus ilusiones: fisiológicas y psicológicas. Todos los problemas de nuestra vida cotidiana encontrarán una solución con el tiempo al cabo de veinte, treinta años; y, en el momento de entrar en vuestro ataúd, nadie os amará más, salvo quizá con un amor espiritual. Los problemas de la vida son diferentes para cada uno, y cada uno tiene necesidad de un medio diferente para resolver sus problemas. Por consiguiente tenemos que crear nuestro propio método. Si se imita, se cae en el error. Hay que crear por sí mismo.

EXTRAIDO DEL:
ZEN Y ARTES MARCIALES
TAISEN DESHIMARU

Secreto del Budo, secreto del Zen


Un día, un samurai, gran maestro de sable (kendo) quiso obtener el verdadero secreto de la esgrima. Fue durante la era Tokugawa. A medianoche, fue al santuario de Kamakura, subió los numerosos peldaños que conducían hasta él y rindió gracias al dios del lugar, Hachinam. Hachinam, en el Japón, es un gran Bodhisattva que se convirtió en el protector del Budo. El samurai le rindió gracias. Al descender los escalones, a medianoche, sintió, bajo un gran árbol, la presencia de un monstruo de cara a él. Por intuición, desenvainó su sable en un instante y lo mató. La sangre brotaba y fluía por el suelo. Lo había matado inconscientemente. El Bodhisattva Hachinam no le había confiado el secreto del Budo. Pero gracias a esta experiencia, en el camino de vuelta, lo comprendió.
La intuición y la acción deben surgir al mismo tiempo. No puede haber pensamiento en la práctica del Budo. No hay ni un solo segundo para pensar. Cuando se actúa, la intención y la acción deben ser simultáneas. Si se dice: “El monstruo esta ahí, ¿cómo matarlo?”, si se duda, solo el cerebro frontal entra en acción. Así pues, cerebro frontal, thálamus (cerebro profundo) y acción deben coincidir, en el mismo instante, idéntico. De la misma manera que el reflejo de la luna no permanece sobre el curso del agua, mientras que la luna brilla y no se mueve. Esta es la conciencia hishiryo.
Cuando durante zazen digo “no moverse, no moverse”, esto significa de hecho no permanecer sobre un pensamiento, dejar pasar los pensamientos. Permanecer en perfecta estabilidad significa en realidad no permanecer. No moverse significa en realidad moverse, no dormir. Esto es como una peonza que gira: se la puede considerar inmóvil, pero se encuentra en plena acción. Solamente puede verse su movimiento cuando parte al comienzo y cuando se detiene al final. De esta manera, la tranquilidad en el movimiento es el secreto del kendo, la Vía de la espada. Y también el secreto del Budo y del Zen, que tienen el mismo sabor.
Este espíritu es el mismo en todas las artes marciales, sean cuales sean sus diferencias tácticas y técnicas. Así, el judo (ju: suavidad do: Vía) es la vía de la flexibilidad (yawara). Maestro Kano fue su fundador después de la era Meiji. Los samuráis, esos feroces guerreros, aprendían el yawara, la técnica de la flexibilidad. En el Japón, los samuráis debían aprender las artes de la guerra, y las de la vida civil.
Debían estudiar el Budismo, Lao Tsé, Confucio, y al mismo tiempo aprender el judo, la equitación, el tiro con arco. Desde mi infancia aprendí el yawara con mi abuelo paterno. Mi abuelo materno era doctor en medicina oriental. Desde esta época estuve influenciado por el judo y por el espíritu de la medicina oriental. Entonces comprendí poco a poco que las artes marciales y el Zen están en unidad. Kodo Sawaki, en sus conferencias, decía que el secreto de estas técnicas es kyu Shin Ryu, “el arte de dirigir el espíritu”.

EXTRAIDO DEL:
ZEN Y ARTES MARCIALES
TAISEN DESHIMARU

martes, 28 de septiembre de 2010

LA NOBLE LUCHA DEL GUERRERO


El Budo es la vía del guerrero: reagrupa el conjunto de artes marciales japonesas. El Budo ha profundizado de manera directa las relaciones existentes entre la ética, la religión y la filosofía. Su relación con el deporte es muy reciente. Los textos antiguos que consagrados a él conciernen esencialmente a la cultura mental y a la reflexión sobre la naturaleza del yo: ¿Quién soy yo?
En japonés, Do significa la Vía. ¿Cómo practicar esta Vía? ¿Por qué método se la puede obtener? No se trata solamente del aprendizaje de una técnica, de un wasa, y aun menos de una competición deportiva. El Budo incluye artes como el Kendo, el Judo, el Aikido, y el Kyudo (tiro con arco) Ya que en el Budo no se trata solamente de competir, sino de encontrar paz y dominio de sí.
Por consiguiente Do es la Vía, el método, la enseñanza para comprender perfectamente la naturaleza del propio espíritu y del propio Yo. Esta es la vía del Buda, la Butsu Do, que permite descubrir realmente la propia naturaleza original, despertarse del sueño del ego adormecido (nuestro yo estrecho), y alcanzar la más alta y la más total de las personalidades. En Asia esta Vía se ha convertido en la moral más elevada y en la esencia de todas las religiones y de todas las filosofías. El Ying y el Yang del Yi-King o “la existencia es nada” de Lao Tse, encuentra aquí sus raíces.
¿Qué quiere decir esto? Que se puede olvidar el cuerpo y el espíritu personal_ alcanzar el espíritu absoluto, el no-ego. Armonizar, fusionar el Cielo y la Tierra: el espíritu interior deja pasar los pensamientos y las emociones. Es libre de su alrededor. El egoísmo es abandonado. Tal es el origen de las filosofías y de las religiones en Asia. El espíritu y el cuerpo, lo exterior y lo interior, la sustancia y los fenómenos: estos pares no son dualistas ni opuestos, sino que forman una unidad sin separación. Un cambio, sea cual sea, influencia siempre todas las acciones, todas las relaciones entre todas las existencias. La satisfacción o la insatisfacción de una persona influencian a todas las demás personas. Nuestras acciones personales y las de los demás están en relación de interdependencia.
“Vuestra felicidad debe ser mi felicidad, y si lloráis, yo lloro con vosotros. Cuando estáis tristes, tengo que entristecerme, y cuando sois felices, debo ser feliz también.” Todo esta ligado, todo se une en el universo. No se puede separar la parte del todo: la interdependencia rige el orden cósmico.
En cinco mil años de historia oriental, la mayoría de los sabios y de los filósofos se han concentrado sobre este espíritu, sobre esta Vía, la han transmitido.
Él Shin Jin Mei1 , libro muy antiguo de origen chino, dice: “Shi Do Bu Nan...” la vía mas alta no es difícil, pero no hay que elegir. No hay que tener preferencias, ni gusto ni disgusto. El San Do Kai2 dice también: “hay separación como entre una montaña y un rió si tenéis ilusiones.”
El Zen significa el esfuerzo del hombre practicando la meditación, el zazen. Esfuerzo para alcanzar el dominio de los pensamientos sin discriminación, la conciencia más allá de todas las categorías, englobando todas las expresiones del lenguaje, Esta dimensión se puede alcanzar por la práctica del zazen y del Bushido.

EXTRAIDO DEL:
ZEN Y ARTES MARCIALES
TAISEN DESHIMARU

martes, 21 de septiembre de 2010

LA COMPRENSION IMPERTERRITA



Sombras inquietantes envueltas en amplios hakama negros… Dos sombra arrodilladas, una al lado de la otra, sobre las delgadas tablas de un entarimado de madera clara, llevan al costado un sable de elegante curvatura. Los dos hombres parecen meditar. En realidad, juntan sus fuerzas y sincronizan sus respiraciones…

“No hay mayor soledad, dice un proverbio
Japonés, que la del samurai.”

Fase de calma. Silencio. Aliento contenido… Podría creerse que ese espacio de tiempo, durante el cual esas figuras hieráticas extraen de sí cuanto tienen de esencial, va a eternizarse…
- ¡ EII !
En una fracción de segundo, el mismo grito ronco les ha brotado del bajo vientre. Estampido de violencia, relampagueo de hojas escapadas de la vaina. Ruido sordo del acero… El asalto ha terminado.
A la mirada ajena del espectador le cuesta trabajo seguirlo. Aún está rememorando, recomponiendo mentalmente los gestos del enfrentamiento, cuando las dos siluetas ya se han inmovilizado, ya se han saludado. Nuevamente están sentadas sobre los talones.
Con qué comparar este combate sino con un esfuerzo sobrehumano por dominar una emoción cuya profundidad nadie puede sondear, ni experimentar su poder. Distensión y resistencia que obligan al organismo a un intenso trabajo cardiovascular.
Todo es ritual en el iai: la postura del sable y la de la hoja, la de los pies desnudos – con los talones juntos - así como la posición del busto. En este ceremonial todo concurre a hacer desplazar hacia el bajo vientre, ese lugar impreciso donde según parece se sitúa nuestro centro de gravedad, toda la fuerza retenida hasta entonces.
El gesto, cien veces repetido, mil veces recomenzado, permite borrar lentamente la técnica. Sólo entonces es cuando, liberado de todo artificio, se desprende un arte que hunde sus raíces hasta el inconciente.

EXTRAIDO DEL:
ZEN Y ARTES MARCIALES
TAISEN DESHIMARU