miércoles, 30 de marzo de 2011

RENUNCIA


¿Por qué nosotros, seres humanos, sufrimos y estamos confundidos?. Porque nuestras mentes se aferran a la felicidad y al placer. Fracasar en la comprensión de la cualidad transitoria de los placeres temporales es la causa de que nos apeguemos a ellos. Pero si hubiéramos desarrollado la sabiduría penetrante veríamos que esta actitud de aferramiento solamente da origen a problemas. Comprenderíamos también que venciendo nuestro apego a los placeres ordinarios abrimos el camino a la alegría de la liberación interior, la liberación del sufrimiento. Por lo tanto tenemos que aprender como experimentar placer mientras permanecemos desapegados. En otras palabras, debemos aprender acerca de la renuncia, la práctica básica en el camino hacia la liberación.

La mayoría de nosotros no sabe lo que significa la renuncia. Nos perturbamos cuando escuchamos acerca de abandonar el apego a los placeres sensuales, lo cual tomamos como que tenemos que sufrir con el fin de alcanzar la liberación interna. “Este lama me esta forzando a sufrir en lugar de hacerme feliz”. Pero la renuncia no significa que debamos abandonar la felicidad o que tengamos que sufrir. Antes al contrario, nuestro objetivo es alcanzar un estado mas allá del sufrimiento.

La raíz de todos los problemas: las dificultades en la comunicación y en las relaciones, fantasías neuróticas, expectativas, frustraciones, dudas, etc., es la mente que se apega al placer. Esta mente que se aferra es el resultado de nuestra básica concepción errónea sobre la realidad, y es este apego lo que causa sufrimiento a los seres humanos. Con esta aproximación errónea incluso hacer un curso de meditación puede causar sufrimiento. Si al principio esperabais que al final del curso estaríais gozosamente iluminados, tan solo estaréis tristemente decepcionados.

El objetivo de nuestra vida diaria es satisfacer cada deseo físico en cuanto este surge – día tras día, mes tras mes, año tras año. Intentamos lograr la felicidad por la perpetuación de algo que es esencialmente transitorio. Esta expectación, producto de una concepción errónea, nunca puede ser satisfecha, y es por lo tanto totalmente irracional. Es imposible lograr la felicidad última hasta que desarrollemos una verdadera aversión a este aferramiento instintivo al placer. A menos que esta mente del apego sea subyugada, es ridículo decir ‘estoy buscando la liberación interior’. Los métodos para subyugar la mente pueden parecer simples, pero son casi completamente inaccesibles a la mayoría de personas; los encuentran demasiado difíciles de practicar.

Una manera de comprender como funciona el impulso del apego es observando como reaccionamos cuando escuchamos los nombres de nuestro pueblo, y de amigos y familiares, o el sonido de nuestro propio nombre. Automáticamente surge en nuestra mente una poderosa atención e interés. Cuando los grandes yoguis y santos del Tíbet descubrieron esta reacción descontrolada en ellos mismos abandonaron sus casas y familias en busca de la tranquilidad última. El problema de permanecer cerca de nuestro hogar, la fuente de nuestro apego, es que poseemos asociaciones intensamente placenteras con el lugar donde aprendimos a fumar, a beber y a tener maravillosas fiestas con nuestros amigos. Es nuestro símbolo de gratificaciones sensoriales y nuestras mentes se aferran a esas memorias. Incluso si nosotros mismos no estamos particularmente apegados a nuestros amigos y familiares, ellos están generalmente apegados a nosotros. La solución es renunciar. Renunciar no es meramente el partir físicamente sino, mucho mas concretamente, el desapego interior al placer e implicación del hogar. Esto es la renuncia.

A pesar de que mucha gente deja sus propios países por un lugar, digamos, como Ibiza, esto no es un signo de renuncia. Son sus sentimentales e inestables mentes las que les hacen abandonar el hogar. De alguna manera esperan sufrir un cambio interno visitando un nuevo país, pero en realidad no existe una diferencia real. Sus viejas maneras de pensar y actuar son las mismas, no importa donde ellos estén.

Un gran ejemplo de verdadera renuncia es Buda Shakyamuni. Como ser iluminado, él vino a esta tierra para mostrar a otros el camino a la iluminación. Él nació en una familia de la realeza en India y vivía una vida fácil, rodeado por el lujo, una familia cariñosa, siervos devotos y ciudadanos leales. Pero en el transcurso del tiempo, Él llegó a examinar la naturaleza de esta existencia muy de cerca y vio solo confusión e insatisfacción en las vidas de todos aquellos a su alrededor. Entonces abandonó su reino para seguir la vida de un asceta.

Si miramos mas allá de los hechos meramente históricos de esta historia, podemos comprender su significado simbólico. Buda renunció a su vida de confort y auto indulgencia como resultado de descubrir el dolor escondido, inherente en todo placer. Él realizó que aferrarse a los placeres sensoriales es un impedimento para la paz interior, la cual es verdadera felicidad.

No es sorprendente que encontremos poderosos impedimentos cuando intentamos controlar nuestros apegos por las realizaciones sensuales; considerad tan solo hasta que punto nuestra vida está orientada a perseguir un placer tras otro. El apego es el resultado de una creencia innata de que la constante auto-indulgencia puede satisfacer el siempre-presente anhelo por la felicidad. Pero si retrocedemos por un momento y examinamos con sabiduría penetrante la naturaleza real del placer transitorio, descubriremos una cualidad de dolor, inherente a ese placer.

La naturaleza dolorosa del apego es llevada a la luz en la meditación sobre lo que es conocido como los ocho fenómenos mundanos, una doctrina expuesta exhaustivamente en el texto de lama Tsong-ka-pa, El Camino Gradual a la Iluminación. En esa meditación observamos los efectos desestabilizadores de los ocho estados inter-relacionados de mente. Investigamos cuan excitados nos volvemos al encontrar los cuatro principales objetos de apego: (1) los placeres de los seis sentidos (los cinco sentidos corporales mas la mente), (2) las posesiones, (3) elogios, (4) palabras y sonidos agradables; y cuan miserables somos cuando somos desprovistos de estos.

De acuerdo a esas condiciones externas de ganancia o perdida decidimos, ‘Ahora soy feliz’ o ‘¡Soy tan miserable!’. Una profunda reflexión en nuestras experiencias diarias con los ocho fenómenos mundanos nos lleva a la conclusión de que estos ocho apegos son incompatibles con la búsqueda de la paz interior. Incluso si hemos estado meditando durante largo tiempo, no podemos llamarnos verdaderamente espirituales o decir que estamos verdaderamente en el camino a la liberación, si todavía nos aferramos a esos ocho fenómenos mundanos.

Es una locura creer que uno mismo esta motivado espiritualmente si permite que su mente sea conducida de aquí para allá por el apego. Esto es como el comportamiento de un mono que se pasa todo el día saltando de aquí para allá. Cuando observáis a ese mono pensáis cuan ridículo es fracasar en la realización de que vosotros mismos estáis haciendo exactamente la misma cosa. Vuestra propia mente distraída no puede permanecer en reposo por un momento, sino que salta de un objeto deseable a otro. Si os examináis a vosotros mismos realizareis que esta es una descripción exacta de vuestra propia vida, y no tan solo un concepto filosófico más. Es un relato objetivo de cómo funciona vuestra mente.

La ausencia de control es común a todos los seres sintientes, desde el más pequeño insecto hasta los seres humanos, y es causado por la ignorancia. Esto no es decir que nuestra propia naturaleza es esencialmente negativa, sino simplemente que nuestra mente se aferra ignorantemente a los placeres ilusorios que inevitablemente nos decepcionan causándonos sufrimiento. De este modo, para nuestra propia protección, es esencial investigar y comprender totalmente la naturaleza real de nuestra existencia, y cortar a través de la oscuridad de la ignorancia con la espada de la sabiduría.

La libertad de todo dolor físico y mental de los seres iluminados no puede ser alcanzada sin renunciar al apego a los placeres sensoriales. Y aún así tenemos apetitos insaciables por la buena comida, beber y charlar con buenos amigos, tumbarnos en la playa o hacer excursionismo por las montañas. Dedicamos la mayoría de nuestra vida al placer. Está claro que aún no hemos seguido el consejo de Buda de echar por la borda nuestra absurdamente errónea creencia de que los placeres transitorios son la fuente de la verdadera felicidad. Estos placeres no poseen una cualidad sólida o perdurable, y no existe absolutamente ningún sentido en perseguirlos tan febrilmente.

No se espera que nadie acepte estas doctrinas en confianza. Sin embargo, es bueno ser de mente abierta y escuchar lo que ellas tienen que decir. Ellas muestran que el sufrimiento es un proceso interno, y que es causado por nuestras propias actitudes mentales. Es nuestra responsabilidad investigar la posible verdad de esto. De esta manera podemos descubrir por nosotros mismos la verdadera naturaleza de la felicidad y el sufrimiento. ‘¿Me hace realmente feliz lo que estoy haciendo o hará que me desmorone?’. Este método de contemplación esta basado en el razonamiento objetivo.

Otra manera de investigar y comprender la realidad del apego es utilizar vuestras enfermedades y dolores pasados como ejemplo. Intentad recordar que acontecimientos os condujeron a cada uno de ellos. Descubriréis indudablemente que a pesar de que mirabais hacia delante para encontraros bien, el placer anticipado era a la larga transformado en dolor. Quizás fuisteis de excursión y se os hicieron ampollas en los pies, o escalando os rompisteis una pierna, o yendo a la playa y tumbados bajo el sol os quemasteis y toda vuestra piel se pelo. Observando esas situaciones como medio para comprender la evolución del dolor es una manera simple y objetiva de observar la naturaleza del placer transitorio.

Podemos ver que cualquier cosa que hagamos, la hacemos por que queremos ser felices. Desde el momento que nacimos hasta ahora hemos mirado hacia delante de manera expectante a cada placer sucesivo y hemos pensado, ‘¡Esto realmente va a ser maravilloso!’. Pero confirmad esto por vosotros mismos. Meditad. Si utilizáis vuestra sabiduría podéis ver que habéis estado viviendo como una mariposa aleteando en la oscuridad.

Algunas veces discutimos incluso sobre unas pocas palabras, o nuestras posesiones, porque las creemos la fuente de nuestra verdadera felicidad. Es fácil ver cuan enfermiza es esta actitud. Una vez mas, ella es producto de una concepción errónea, una actitud de mente que da gran importancia a tales insignificantes cosas triviales. Pero la cosa realmente importante es que debemos hacer un esfuerzo deliberado para comprender cuan equivocado y traicionero es nuestro punto de vista, conduciéndonos como hace a nada mas que la desilusión y a la miseria.

A pesar de que podamos pensar en nosotros mismos como buscadores de la verdad, muy pocos de entre nosotros están enteramente convencidos de la necesidad de destruir las concepciones erróneas. Es como si nuestras mentes fueran partidas en dos mitades, una mitad determinada a subyugar el apego, mientras que la otra mitad vacila. El resultado es una mente como un yoyo, constantemente meneándose arriba y abajo. La mitad de la mente quiere disfrutar de la playa, mientras la otra mitad intenta meditar. Carecemos de la mente firme e indestructible.

Después de toda esta charla sobre concepciones erróneas y actitudes equivocadas, sobre ignorancia y sufrimiento, podemos llegar a pensar que nuestra misma esencia es impura. Pero no lo es. Una esencia pura, la naturaleza búdica, mora en cada ser sintiente y es simplemente oscurecida por un velo de ignorancia. Algunas personas creen que los niños son naturalmente puros hasta que sus mentes se vuelven corruptas con las actitudes sociales. En realidad existe una consciencia clara y tranquila tanto en los niños como en los adultos, pero es oscurecida por las concepciones erróneas las cuales dan origen al apego y al sufrimiento en lugar de la consciencia alegre de la pureza básica de la mente.

En todos los niveles sociales y culturales, cada uno lucha en un laberinto de ilusiones. El pobre piensa que el rico es feliz, mientras que el rico desprecia profundamente al pobre, pensando en ellos como siendo los seres más miserables. En realidad, ambas visiones son erróneas, ya que están basadas en la conclusión superficial de que la satisfacción es enteramente dependiente de las comodidades físicas. El caso es que de hecho es lo opuesto. Para todos los seres la felicidad se encuentra en la mente que no persigue la comodidad física.

¿Qué podemos hacer cuando nuestros instintos profundamente arraigados nos animan a actuar de manera completamente opuesta a nuestro beneficio ultimo?. Con infinita sabiduría y compasión, los seres iluminados nos han mostrado la manera de librarnos de esta confusión. La manera es meditar sobre la impermanencia de los fenómenos, y en la meditación en la muerte como se expone en El Camino Gradual a la Iluminación. Por medio de esta meditación podemos ver como la impermanencia y la muerte están con nosotros desde que nacimos. Con una meditación sostenida debemos gradualmente desarrollar una penetración intuitiva de esta verdad. Al tiempo que nos volvemos incrementalmente conscientes de la aproximación de la muerte y de su inevitabilidad, nuestro apego compulsivo a los placeres ilusorios simultáneamente se desvanece. Lentamente desciende sobre nosotros el hecho de que toda nuestra vida hemos estado trabajando duro con la expectativa de alcanzar comodidad y paz en algún momento en el futuro. Y recordamos los incontables seres que han vivido, atrapados en un laberinto de esperanzas y expectativas no satisfechas, tan solo para morir desilusionados y amargados.

Incluso si no sois grandes yoguis con poderes meditacionales indestructibles, deberíais al menos desarrollar la sencilla pero clara comprensión de que no habéis nacido en esta tierra para el único propósito de satisfacer vuestros deseos sensoriales. Esta comprensión puede generar un poder de determinación para abandonar el apego. Esta sola determinación se convierte en la causa de vuestra futura liberación del sufrimiento. Cuando alcancéis este estado liberado de consciencia incluso una catástrofe no os afectará. Desastres inevitables ocurren todo el tiempo en este turbulento mundo. Cada uno de nosotros por lo tanto tiene la responsabilidad de lograr para sí mismo un nivel de consciencia que confiera inmunidad ante todas las dificultades.

El Budismo puede parecer excesivamente duro al proponer una vida de tal extrema renuncia hasta el punto de que a duras penas valga la pena vivir. Pero un estrecho examen revela una filosofía compasiva cuyo objetivo es llevar a todos los seres a un contacto directo con su propia naturaleza verdadera. Cuando los seres humanos siguen realmente estas enseñanzas, su potencial innato para vivir en un plano mas alto es realizado. Trabajar simplemente para comodidades y necesidades mundanas es la tarea de las hormigas y las gallinas que pasan la mayoría de su tiempo buscando y consumiendo comida y agua. Nuestra inteligencia humana debería ver mas allá de una vida dedicada a la gratificación de los sentidos. Al menos deberíamos tener una comprensión mas profunda que las gallinas.

¿Cómo fue posible para el gran yogui Milarepa vivir felizmente solo, en su cueva de los Himalayas, sin ninguna posesión, y solamente con ortigas para comer?. Ello fue posible porque no tenía ningún deseo. ¿Veis?, el sufrimiento no se encuentra en los objetos externos, en una cueva o en nuestro cuerpo. Es nuestra mente ignorante la que es miserable. Podemos emular a Milarepa renunciando a la mente del apego, como él hizo, mientras que al mismo tiempo continuamos llevando una vida libre de excesivas dificultades. Tenemos la oportunidad de hacer nuestro trabajo interno para la liberación sin tener que luchar bajo duras condiciones en las montañas. El único requerimiento para obtener la tranquilidad y la satisfacción de Milarepa es una mente libre del apego.

Cuando decimos que la liberación depende de una mente no aferrada, ello no significa que debéis tirar todas vuestras posesiones al océano después de esta charla. Sin embargo, existen diferentes niveles de practica de acuerdo con las capacidades individuales. Hay ciertos momentos, como cuando permanecemos en contacto con los objetos de apego, que pueden dar lugar a un gran conflicto. En tales casos deberéis separaros físicamente de esos objetos, Generalmente, sin embargo, una transformación de vuestra relación interna con los objetos deseables es suficiente. Pensar que el samsara consiste en los objetos externos – el mundo, vuestro propio cuerpo, u otra persona o personas – y entonces lanzarlos lejos, es completamente erróneo. El samsara esta dentro de vosotros. Si no transformáis vuestras actitudes podéis ir a meditar a una cueva, pero el samsara estará todavía allí con vosotros.

Debemos evitar ser excesivamente ambiciosos cuando escuchamos por primera vez las enseñanzas budistas sobre la sabiduría, la compasión y la renuncia: decidiendo en un estallido de energía el abandonar todos nuestros apegos y dedicar nuestra vida entera a los demás. Es imposible transformar instantáneamente la mente en la de un gran asceta. No es tan sencillo como ir al pueblo, comprar algunas pinturas y rápidamente repintar el garaje. Toma tiempo cambiar el comportamiento habitual de la mente. Es tan solo después de un largo y gradual proceso de meditación, con una confirmación frecuente por medio de una sabiduría analítica, que el crecimiento y finalmente la perfección ocurrirán.

¿Qué podemos hacer para deshacernos del apego?. Una práctica excelente para adiestrar la mente es remplazar el interés en uno mismo por el interés por los demás. Generalmente nos aferramos a nuestro propio bienestar, preocupándome tan solo de mí, yo, yo. No dejamos espacio en nuestras mentes para los demás, a pesar de que pronunciamos palabras vacías de interés para con ellos. Esta actitud puede cambiarse observando primero como tal mente, centrada en si misma, conlleva tan solo daño, y practicar después un método de transformación del pensamiento en el que cambiamos los objetos de nuestro interés: querer a los demás en lugar de a nosotros mismos.

Otro método poderoso de transformación del pensamiento es la meditación en la ecuanimidad, en la que se cultiva un sentimiento igual para con todos los seres. Esto se consigue por la eliminación del sentimiento normal de apego por los amigos y de odio por los enemigos, a través de un razonamiento lógico. Por tales medios podemos ver como los amigos y enemigos son igualmente amables y útiles, y con ello aprender a sentir solamente compasión y amor por ellos, y por todos los demás (que no son amigos ni enemigos).

Un tercer método es el llamado ‘dar y tomar’. En esta meditación dedicamos todas nuestras posesiones materiales, buenas cualidades y méritos a los demás, y tomamos sobre nosotros todos sus problemas, dolores y enfermedades. Estos sufrimientos son atraídos hacia nuestros corazones en la forma de humo negro. Esta técnica causa que el ego tiemble de miedo debido a que él siempre quiere lo mejor para sí mismo e intenta por todos los medios evitar la más mínima incomodidad.

La práctica constante de estas meditaciones ayudaran a destruir este ego centrado en sí mismo. Estos y muchos otros adiestramientos mentales se encuentran en El Camino Gradual a la Iluminación.

Fuentes:

[Lama Yeshe en el Instituto Nagarjuna, Ibiza, España, 1978]

LOS SABLES:


El sable es el arma que provoca la aparición del kendo y el iaido, en cuanto que son técnicas desarrolladas a partir del uso del mismo. De estos sables, incorrectamente llamados "sables samurai", existen varios tipos bien diferenciados. Una primera clasificación podríamos hacerla distinguiendo entre los sables tachi y los daisho.
Las diferencias a primera vista no son muy notables, pues tanto su tamaño como su forma son similares: ambos poseen la típica hoja curva de un solo filo y el característico mango largo, pero entrando en detalles notaremos las siguientes diferencias:
El sable tachi es un sable creado para ceremonias y paradas militares o celebraciones cortesanas, profusamente decorado y su hoja grabada con hermosos dibujos. Una especie de sable de gala, raramente usado en combate. Se colgaba del cinturón con unas cintas que pasaban por unas anillas sujetas a la funda por abrazaderas metálicas.
El sable daisho era más sobrio, menos decorado. Era la verdadera arma del samurai. Se sujetaba con una cinta que pasaba por un ojal de madera adosado a la vaina. Existen dos tamaños. El mayor se llama katana y el menor wakizashi.
El katana es el más conocido, y es un sable para usar con las dos manos, aunque en momentos determinados se püede manejar con una. El wakizashi se maneja con una sola mano.
En todos los casos, las guardas tsuba suelen mostrar hermosas decoraciones y filigranas.
Para guardar los sables existen unas cajas decoradas, de madera, denominadas katana zutsu, y unos soportes, llamados katana kake.
En realidad, los sables hechos en los últimos años, prácticamente desde la última guerra mundial, no se pueden considerar auténticos sables de samurai, pues los procedimientos seguidos tradicionalmente para su fabricación ya no se respetan, habiéndose sustituido el templado y forjado a mano por procedimientos industriales.
Antiguamente, la fabricación de un sable era una suerte de rito mágico que alcanzaba todas las etapas del proceso. El forjador (kaji) era una especie de sacerdote o mago que seguía unos ritos precisos desde la extracción del hierro y los posteriores tratamientos del mismo a la acción del agua y el fuego hasta el resultado final: el katana.
Aún existe hoy, en la fragua de lnami Hakusui, en Tokio, el antiguo libro de oraciones que es todavía desempolva cuando hay que hacer un sable destinado a alguna alta personalidad. Pero estas antiguas técnicas se han extinguido ir desapareciendo aquellos viejos artesanos que aún mantenían viva la tradición.
El sable japonés empieza su historia alrededor del año 900. Anteriormente se usaba un sable de origen chino, porque en realidad, los primeros forjadores eran de este país y los otro que se hacían eran imitaciones de los chinos con hoja recta. Los centros de fabricación más célebres fueron Yamato y Sansin.
A partir del año 900 se inicia una evolución y aparecen los primeros modelos de hoja curva, que poco a poco se impondría y que se mantiene hasta nuestros días sin apenas cambios. Por aquel entonces se hicieron famosos los centros producción localizados en cinco provincias por la calidad. Sus realizaciones, llegándose a fabricar en estos lugares conocidos con el nombre genérico de "las Cinco Escuelas" hasta el 80 por 100 de los sables de la época.
Cada una de estas "Cinco Escuelas" tenía sus propios métodos de fabricación e impusieron sus técnicas hasta el siglo XVI.
Sus nombres eran: Yaato, Bizen, Soshu, Yamashiro y Minori. En la época posterior, conocida como "Período del Nuevo Sable", que va de 1530 a 1867, se pierden los métodos tradicionalmente seguidos por estas escuelas. La longitud del sable disminuye y el arte de su fabricación declina. Aparecen armas con las hojas profusamente decoradas con recargados grabados de arbustos, dragones y símbolos la mayoría de las veces extravagantes.
Llegamos a la época moderna, que se inicia en 1868 con la dinastía Meiji, que como ya vimos significa para el Japón la apertura a las influencias occidentales, con todos los cambios que ello significó.
En este tiempo, los sables son exportados de forma masiva a Occidente, comprados por museos y particulares perdiéndose en muchos casos piezas de indudable valor artístico histórico.
En 1926 se inicia la era Showa y se crea la Academia lmperial del Arte, que recopila las piezas de interés y se interesa por los trabajos artísticos y artesanos tradicionales, creando colecciones de sables y tsubas que normalmente son obras de arte por sí mismos.
Actualmente, como ya se dijo, no quedan ya prácticamente artesanos que elaboren los sables con las antiguas artes, las nuevas técnicas hacen que se pierda la leyenda.

martes, 29 de marzo de 2011

¿Cómo fue el final de los samuráis?


El final del shogunato Tokugawa y la recuperación del poder total por el emperador no significó el triunfo de los samuráis sino, por el contrario, su enfrentamiento con un sistema reformador. Contra el mismo se alzó Saigo —el Katsumoto de El último samurai— con la intención de mantener en pie el mundo de antaño.
En 1854, el tratado de Kanagawa, localidad cercana a Yokohama, significó el establecimiento de relaciones comerciales con los Estados Unidos así como la concesión de dos puertos. Inglaterra, Rusia y Francia se vieron también beneficiadas por sendos acuerdos mercantiles. Esta apertura del Japón —a pesar de no realizarse en un plano de igualdad— beneficiaba económicamente a la nación pero despertó las inquinas de un sector de los samuráis que la veía como una apertura de puertas a los bárbaros.
Surgió así el movimiento de los shishi (hombres de los altos ideales) cuyo nacionalismo pivotaba sobre los objetivos de sonno (reverenciar al emperador) y joi (ahuyentar a los bárbaros). El personaje más importante de este movimiento fue Yoshida Shoin (1830-1859) que combinaba el nacionalismo con un cierto populismo y que convirtió en bandera la tesis de que el Shogun era incapaz de “servir al emperador y expulsar a los bárbaros”. Como tantos otros personajes en la historia de Japón, Shoin decidió abrir una escuela donde enseñar a otros su doctrina. Ubicada en Choshu, de ese centro saldrían los futuros constructores del Japón Meiji unas décadas después.
Cuando Japón firmó el tratado con Estados Unidos, Shoin anunció no sólo “la cólera de los dioses y de los hombres” sino que era “legítimo destruir y matar respetando los principios básicos de la justicia”, justicia que, no hace falta decirlo, quedaba identificada con su nacionalismo. Shoin concibió así un plan para derribar al Shogun que se vio frustrado y que concluyó con su detención y ejecución. Aparentemente, el Shogun había triunfado. En la práctica, sus días estaban contados.
En noviembre de 1866, el emperador concedió a las provincias rebeldes de Satsuma y Choshu el derecho de derribar al Shogun. Al año siguiente, el último shogún Keiti decidió entregar el poder formalmente en favor del emperador Mutsu Hito. Sin embargo, una cosa era que así lo viera Keiti y otra que los otros miembros del aparato del Shogun estuvieran dispuestos a aceptarlo. Cuando el 3 de enero de 1868, el emperador declaró que asumía todo el poder, Tokugawa Yoshinobu afirmó que semejante paso era ilegal y atacó Kyoto, la sede del emperador. Comenzaba así la guerra Boshin. A pesar de que las tropas de Tokugawa eran el triple que las imperiales, fueron derrotadas en Toba y obligadas a retirarse a Edo. Fue entonces cuando se destacó un samurai llamado Saigo Takamori en el que se inspira directamente el personaje de Katsumoto de la película “El último samurai”.
Saigo Takamori dirigió las fuerzas imperiales durante los meses siguientes de manera victoriosa por el norte y el este de Japón y, finalmente, en mayo de 1868 consiguió la capitulación de Edo. Con un gesto cargado de simbolismo, el emperador trasladó a continuación su capital a Edo que comenzaría a llamarse Tokio desde entonces. Aunque todavía hubo algún clan que se empeñó en resistir a finales de 1868, la victoria imperial era completa y daba inicio la Era Meiji.
Con el final de la guerra, Saigo se convirtió, a pesar de su origen humilde, en consejero estatal y general en jefe del imperio restaurado. Profundamente nacionalista, Saigo propugnaba una expansión imperialista del Japón que consistiría en anexionarse Corea y que rompería todo tipo de relaciones con las potencias extranjeras. En otras palabras, ambicionaba un regreso al período anterior al shogunado Tokugawa, un verdadero retorno a la Edad Media. Cuando sus planes no fueron aceptados, Saigo dimitió y regresó a su lugar natal en Kagoshima, al sur del Japón.
Desde luego, el emperador Meiji era de una opinión muy diferente en cuanto a lo que debía ser el futuro de Japón. En 1871, abolió el orden feudal y de la servidumbre; decretó la igualdad jurídica de todos los japoneses; estableció pensiones para indemnizar a los nobles y creó un sistema de becas para estudiar en el extranjero. En 1872, se implantó un servicio militar obligatorio que pretendía fundamentalmente democratizar el oficio de las armas y modernizar el ejército de acuerdo con los modelos prusiano y francés — nunca norteamericano como en la película tantas veces citada — y se estableció la enseñanza obligatoria, la moneda nacional (ésta sí basada en el sistema monetario de Estados Unidos) e importantes reformas en la policía, la prensa, el derecho, el servicio postal, los ferrocarriles, la sanidad y la Hacienda. Japón se estaba modernizando y lo hacía sin perder su esencia nacional, un proceso que ya había tenido precedentes en siglos anteriores.
Con todo, ese proceso de modernización iba a chocar frontalmente con una mentalidad, la de los samuráis, que apetecía la perpetuación del sistema de castas en el que ellos se convertían, en cierta medida, en el alma de la nación. Cuando se declaró abolido su derecho a disfrutar de una posición social superior a la de los plebeyos, a llevar espada o a abusar impunemente de los socialmente inferiores el malestar se extendió rápidamente. Es cierto que algunos se alistaron en el nuevo ejército o incluso se integraron en el funcionariado que se estaba creando pero en muchos casos se vieron abocados a trabajar en la industria, el comercio o la agricultura, ocupaciones que consideraban intolerablemente indignas. Cuando el plan de invasión de Corea fue propuesto por Saigo, muchos pensaron que todo volvería al cauce que deseaban pero no fue así. En 1876, empezaron a producirse levantamientos samuráis contra el gobierno pero la gran rebelión estuvo capitaneada por Saigo.
Las razones para que así sucediera fueron diversas. Por un lado, contaba con el prestigio de haber sido un competente jefe militar durante la guerra Boshin y a esta circunstancia se añadía que de él había procedido el plan para anexionar Corea y, sobre todo, que en la zona gobernada por él en Kagoshima se había opuesto con éxito a la realización de las reformas gubernamentales, convirtiéndola en una especie de estado dentro del estado. En febrero de 1877, Saigo inició una marcha sobre Tokio. Lejos de ser un intento pacífico, como aparece en la película, Saigo tenía intención de derribar al gobierno y a medida que avanzaba hacia el norte se le fueron sumando millares de samuráis descontentos que compartían ese objetivo. Una vez más a diferencia de lo narrado en “El último samurai”, Saigo no disponía de unos centenares de hombres sino de un imponente ejército de casi cincuenta mil. Para enfrentarse con Saigo, el gobierno envió a fuerzas del nuevo ejército. No pertenecían a los samuráis sino que eran plebeyos a los que Saigo injurió como “sucios granjeros”. Sin embargo, a pesar de su falta de tradición militar y de no pertenecer a los samurais, los “sucios granjeros” demostraron un valor y una pericia notables y no sólo —otra diferencia con la película— una superioridad técnica. La batalla decisiva duró una semana entera y en el curso de la misma Saigo fue derrotado, herido y obligado a retirarse.
De acuerdo con el código samurai del Bushido, Saigo se practicó el seppuku abriéndose el vientre con su daga y siendo inmediatamente decapitado por un amigo íntimo. Buena parte de sus seguidores se negaron a aceptar que había muerto y muy pronto circularon leyendas que afirmaban que regresaría de la India, la China o incluso Rusia para restaurar el orden feudal. Sin embargo, lo cierto es que a partir de su muerte resultó relativamente fácil sofocar los núcleos de rebeldía samurai. Lo que vino a continuación, a pesar de Tom Cruise, no fue un retorno a las tradiciones nacionales que, dicho sea de paso, tampoco habían sido abandonadas del todo, y un abandono de las perniciosas ideas del occidente materialista y depredador. En 1878, se crearon los parlamentos regionales y de 1884 a 1889, el sistema político evolucionó hasta convertirse en una monarquía constitucional con una cámara de diputados electiva. Ese mismo año, de manera simbólica, el gobierno Meiji decidió reconocer públicamente el valor de Saigo y le indultó de manera póstuma.
Por lo tanto, la restauración Meiji no fue un movimiento de corrupción del Japón a través de su occidentalización al que se opuso una noble y caballeresca resistencia de los samuráis. Más bien fue un notable esfuerzo de modernización que pasó, de manera lógica, por una eliminación del régimen feudal y la supresión de los privilegios de casta. Esa fue, sin duda, la parte positiva. La negativa —a pesar del conmovedor final de El último samurai— fue que la cosmovisión samurai siguió teniendo un enorme peso sobre el Japón Meiji. Las reformas —que tuvieron un éxito notable— nunca pretendieron acabar con las tradiciones japonesas sino que, de hecho, les proporcionaron un nuevo cauce. Así, el imperialismo japonés que provocó las guerras contra China (1894-5) y Rusia (1904-5) fue precisamente fruto de un código —el Bushido— que, a pesar de la derrota de Saigo y los suyos, seguía totalmente vigente. Fue también esa manera de ver la existencia la que estuvo detrás del nacionalismo de los años treinta, la agresión contra China durante el siglo XX y el ataque a Estados Unidos en Pearl Harbor. La clase de los samuráis desapareció como tal a finales del siglo XIX.

martes, 15 de marzo de 2011

HAIKUS DE MATSUO BASHO


“Devuelve al sauce Todo el fastidio y todo lo que desea tu corazón.” El tedio puede arruinar el arte, jamás debe sojuzgar el espíritu. Lo que se crea de mala gana no refleja las virtudes de un corazón noble. El sauce representa la habilidad para resistir acometidas evitándolas para contra atacar. Resistir al fastidio es dejarlo pasar, purificar el espíritu de la ira y la mediocridad para cobrar el brío que significa el dominio de la energía interna o Ki.

Guerrero: “En las flores silvestres de verano Se estremece aún El sueño de gloria de los guerreros.” El samurai pasa por ciclos de guerra y paz, constituye una clase noble que defiende la vida de sus comunidades. Aún en la guerra, no se pierde el ideal de belleza, la naturaleza hace eco del sueño de gloria para la guerra y la poesía que persigue el poeta samurai. El arte de la esgrima o iai do busca la belleza y el balance de la forma tanto como lo requiere la poesía de los haikus.

La inspiración: El Budo como la poesía de los haikus es muy espiritual, hay mímesis de la naturaleza, pero no sólo para contemplarla sino para integrarse a ella. El samurai como artista marcial y el poeta en tanto artista de la palabra buscan fluir en su arte, recrearlo de la forma más natural posible connotando esta integración. El sauce es símbolo de las fuerzas naturales, del ethos del Budo, este árbol al ser embestido por la tormenta, se dobla para retomar su posición original.

Un poeta con inspiración es como un sauce, disuelve su tedio y devuelve sus anhelos y esperanzas en el arte a una etapa de calma para que se conserven intactos. En la batalla también se necesita esta inspiración que lleva a la integración del ser con la naturaleza, en combate el samurai no cae en la desesperación se hace uno con su sable y su arte para no perder la belleza de su técnica. Hoy los literatos que han practicado artes marciales se dan cuenta que estas y la poesía merecen igual dedicación.

En los talleres de creación literaria de poesía, a nivel de facultad de literatura se enseña la teoría de los haikus, para que el estudiante vea como se evita sobrecargar de versos e ideas un poema, para quedarse con lo esencial. El poeta de occidente que estudia haikus, será consciente de no caer en una recargada discursividad y saldrá pronto de la redundancia típica del principiante. Hacerse un nombre en poesía implica perseverar en el arte, usar todo recurso técnico con fluidez e inspiración.

La videncia: El arte revela verdades trascendentes en todas sus manifestaciones, Basho es considerado un vidente para la poesía japonesa, como Li Bai lo es para la China. Basho rescata la videncia del arte samurai en que forjó su espíritu desde su juventud. Sabe que los sueños de un samurai pueden revelar una forma elevada de esgrima que refleje su aplomo y valor, mereciéndoles la gloria. Los haikus y los samurais han trascendido en el tiempo, son orgullo de la nación nipona.

El haiku en si es una revelación, sus dos primeros versos nos preparan para el tercero. El arte es una realidad que se aprecia más allá de los sentidos, si los ojos son el espejo del alma, el arte lo es del corazón. El corazón equivale a la voluntad del ser humano, un samurai ha superado las caídas en el miedo, el odio y la ira. Si combate se entrega a una causa con convicción. La batalla supone el riesgo de la muerte, pero ella no equivale al fracaso; Basho vio que sus haikus y los samurais alcanzarían glorioso recuerdo.

La videncia de haiku consistió en representar el corazón del samurai y del poeta de haikus como un sauce que dentro del combate y el desgarro que implica la creación puede redireccionar la agresión de fuerzas externas que opacan su visión y paralizan su espíritu. El modelo del sauce se desarrolló en Budo, para emplear la fuerza del otro e impedir que sojuzguen la propia voluntad.

El espíritu: El Bushido y los haikus cultivan el espíritu del artista, su arte crece en ellos y se recrea en la perfección y el temple de la técnica. Estas artes exigen ser consecuente con la búsqueda de perfección, que es la del absoluto, el corte perfecto del sable o el verso revelador. Existe una dimensión supra sensorial de la creación artística y de su ejecución, hay una forma canónica de prestigio que se ha repetido hasta el cansancio y se hace natural y espontánea en el poeta y el samurai.

Repetir para perfeccionar, ensayar la novedad respetando e reinterpretando la base canónica no es desperdiciar esfuerzos sino llevarlos al absoluto de la contemplación de la belleza, verdad universal que se aprecia fugazmente. El arte decodifica este proceso, la esgrima y el haiku tienen movimientos y conceptos respectivamente encriptados que son recogidos y asimilados por la mente y el espíritu entrenado del artista.

Conclusión: Basho Matsuo, el célebre maestro del haiku, fue también un Samurai que pudo plasmar el ethos del guerrero en dos composiciones, sobre el corazón y el esplendor del poeta samurai. Estos versos apuntan a la trascendencia de un mensaje decodificado sólo por el conocimiento del arte. Tanto la esgrima como los haikus buscan el absoluto y la belleza, tras la práctica, la perfección y la integración con la naturaleza, conservando la espiritualidad y videncia del arte.

FUENTES:
EXRAIDO: http://www.leergratis.com/otros/ethos-samurai-en-dos-haikus-de-basho-matsuo.html

miércoles, 9 de marzo de 2011

ARMONIZARSE CON EL UNIVERSO.


“ Cultivar el espíritu. Alimentar con pensamientos agradables. Seleccionar las ideas que se presentan. Rechazar los pensamientos en el momento en que aparezcan. Dedicarse a la alegría y desechar la tristeza. Desechar el miedo...”

“ Basta el menor polvo para empañar un espejo “ Es por lo que la tarea del hombre consiste en desempolvar continuamente el espejo de su espíritu.
Estar “animado” es casi sinónimo de estar vivo. “Anima” en latín significa alma y corresponde a la palabra griega “Pneuma” que significa alma y soplo, aliento. Estos vocablos “antiguos” son los más aproximados a la palabra Ki que conocemos o utilizamos los occidentales para referirnos al Ki. El Ki es nuestra energía interna por lo que anima y da vida a todos los órganos de nuestro cuerpo.

Pero ¿qué es el Ki? No es el “soplo”, tampoco el “espíritu”, ni el magnetismo. No podemos todavía medir el Ki. Seguramente nunca lo logremos; el Ki está a la vez dentro y fuera de nosotros, en el Cielo y en la Tierra. Tal vez se podría decir que es la vibración de la Vida. Hay muchas expresiones populares que se refieren a este soplo, a esta energía que circula en nosotros ("Estar desfasado”, “cargar las pilas"..,)

Todo lo que se mueve tiene el Ki en todo momento. Consciente o inconscientemente. Y Si es así ¿Para qué sentir el Ki?

Sentir el Ki se traduce por “estar injertado en la Vida".

Cuando escuchamos la radio o vemos la televisión, existe a la vez energía e información. Es tal vez el mismo fenómeno que ocurre con el Ki, en el momento en el que se siente, pasan a nosotros energía e información y Vida. Sentir el Ki es pues aumentar el “capital-Vida" o por lo menos mejorarlo.

¿Cómo sentirlo? Respirando. Pero eso ya lo hacemos todos, de lo contrario moriríamos. ¿Pero respiramos como decía Lao-Tse? "El verdadero hombre respira desde los talones". Respirar Ki es respirar enérgicamente, es preciso no poner voluntad en ello, no forzar hay que relajarse y dejar hacer.

Esta energía viral, este Ki existe en todo el Universo. Según la tradición Taoísta, cada ser humano recibe al nacer:
- Una energía-sangre que le viene de su madre y que ligado a la Tierra es Yin,
- Una energía-soplo que viene del padre y que ligado al Cielo es Yang.

La energía-sangre y la energía-soplo circulan naturalmente en nuestro cuerpo sin que tengamos que ser conscientes de ello. Las dos circulan por nuestro organismo, pero mientras que la trayectoria de la sangre la podemos ver no podemos ver la trayectoria de la energía, sin embargo está ahí y va de órgano en órgano activando todas las células de nuestro cuerpo.


miércoles, 5 de enero de 2011

Tai Chi Chuan


Esta historia esta en el libro "Zen en Movimiento", de C.W. Nicol de origen británico, el cual fue uno de los primeros extranjeros que fueron a Japón a entrenar artes marciales, concretamente Karate en la ya mítica Japan Karate Association (KYOKAI), en la cual fue alumno de muchas de las leyendas del karate actual entre ellos el famoso Hirokazu Kanazawa Sensei, recomiendo mucho la lectura de este libro, ya que esta imbuido de un sentido de honestidad, reflexión, humildad, y mucho sacrificio como único método de alcanzar la comprensión y entender el espíritu que animan a todas las artes marciales. En esta historia el autor narra su encuentro con el Tai Chi Chuan, cuando éste estaba viviendo en la casa de Donn Draeger, otro de los hombres "históricos" en las artes marciales del siglo 20. Transcribo la historia tal cual esta en el libro: " Un día cuando recién estaba despertando de mi sueño, y estirándome en los tibios edredones, sentía en la cara el sol que se filtraba a través de las pantallas, gozando nuevamente del suave olor de los campos de heno de las tatami. De pronto el edificio comienza a sacudirse. ¿Un terremoto? Las pantallas temblaban en sus soleras, y abajo de mí se movía el suelo. Sin embargo, los estremecimientos seguían un ritmo, alrededor de uno por segundo. ¿Un clavador de pilotes próximo? Pero no había ninguna construcción cercana. Me puse los pantalones y bajé. Fui a la calle y allí estaban Donn, Bill Fuller y unos cuantos más observando a un profesor del arte chino de Tai Chi chuan. Su nombre era señor Wong. Pesaba alrededor de 115 kilos, parecía eterno, y estaba golpeando uno de los pilares que sostenían la casa, moviendo el puño nada más unos pocos centímetros en cada ocasión. Cada golpe sacudía toda la casa. Jamás había visto una fuerza tan engañosa. Parecía' como si solo estuviera golpeando suavemente la madera; incluso me hubiera prestado con gusto para recibir uno de esos golpes en mi estómago, que estaba considerablemente duro. Pero si lo hubiese hecho, me habría matado. El señor Wong venía a la casa para enseñar a Donn Draeger y a un grupo selecto de budokas de alta jerarquía. Les enseñaba principalmente katas o formas. Los kata del Tai Chi chuan eran largos, complicados y muy lentos. Eran como una danza en la cual cada segundo se alargaba a un minuto, tan lentos como una hierba abriéndose paso a través del pavimento. Efectuaba los kata con enorme dignidad y fuerza, pero YO" un novato, comprendí que estaba viendo algo que debía respetar, aunque no pudiese entenderlo. Por lo general los maestros de Tai Chi Chuan son de edad avanzada. En China, en la madrugada la gente practica los movimientos para beneficio de su salud, tanto en las plazas como en los parques de la ciudad. . Aun siendo de edad avanzada, una persona puede mejorar 'su habilidad y su fuerza. Los occidentales a menudo ven algo así y se burlan. . . no obstante, ¿cuántos hombres de cuarenta años, en Occidente, se mantienen activos en un deporte físico? ¿Cuántos hombres de cincuenta años están activos? ¿De sesenta? ¿De setenta? ¿Cuántos occidentales de ochenta años podrían buenamente darle una paliza a un hombre de entre los veinte y los treinta años? En Oriente, muchos de los grandes maestros tienen más de ochenta años de edad, y sin embargo son formidables.

El señor Wong tenía cuando menos cincuenta años de edad, aunque es probable que fuera más viejo. Su poder era fantástico. Lo vi proyectar a Donn Draeger varios metros a través del cuarto, tan fuertemente que sus pies estaban despegados del piso cuando se golpeó contra el muro. Lo vi hacer lo mismo con cuatro hombres muy fuertes, parados uno tras otro para presentar una línea sólida, anclada, de más de 360 kilos. Con un solo empellón todos salieron volando. Luego, en una lección me permitió sentir el poder de uno de sus movimientos, y aunque prometió hacerla con suavidad, fui proyectado limpiamente a través de la habitación y azotado contra la pared. ¿Y cómo fue eso? Mediante un empellón de apariencia simple con una mano que pareció tan inofensiva, como los movimientos de un niño al despertar. El contacto inicial de su mano sobre mi pecho fue en verdad suave, pero la propulsión en aceleramiento que siguió después, solo sintiéndola podría ser creída. El señor Wong podía recibir golpes o patadas en cualquier parte de su cuerpo excepto la cara. Si él lo permitía, uno podía patearlo alrededor de la ingle y ni siquiera se inmutaba. Para demostrar poder, una vez instó al ex campeón de peso completo del mundo Joe Louis, a que lo golpeara en el plexo solar. El golpe no le hizo ningún efecto. También invitó a un inmenso karateka holandés para que le diera golpes en el estómago, y el karateka (a quien Donn consideraba uno de los hombres más fuertes que conocía) solamente se lastimó la muñeca. Mediante la observación pude aprender un poco respecto a las técnicas del Tai Chi chuan, pero aprendí a no juzgar por las apariencias o por lo que previamente había asimilado mi mente. Sentí enorme admiración y respeto por este arte, pero nunca tomé lecciones, pues aún recordaba la historia del cazador y los dos conejos. El mantener un criterio estrecho en lo relativo a los diferentes artes y estilos servía únicamente para fomentar una debilidad. Nakayama sensei, nuestro jefe de instructores, no era ciertamente de criterio estrecho. Estudió muchas artes incluso en la misma China. Una vez le pregunté si el karate era la mejor de las artes de combate sin armas. Replicó que sí lo creía. En tal caso, repuse, ¿qué hay referente al Tai Chi chuan? Nakayama sensei rió y dijo con una sonrisa: -Para seres humanos, el karate es lo mejor. Pero hay algunos hombres que son sobrehumanos, y quizá algunos de los sensei de Tai Chi chuan, eso es lo que son exactamente. .- ¿Por qué no lo estudié, conociendo la eficacia del Tai Chi chuan? Bueno, había puesto los pies en el camino del karate, y decidí permanecer en él hasta que hubiera aprendido a sentir que era suficiente. Aún más, creía que las sendas del Tai Chi chuan y del karate y en realidad de todas las artes marciales, conducían a la misma meta. Tranquilidad.

¿Quien era Wang Shu Chin? Wang Shu Chin es el mayor exponente del Xing Yi Quan y el Pa-Kua en Taiwan. Un hombre enorme como un Buda, de más de 115 kg, siempre frunce el ceño ante la mención de los métodos duros y externos de Shaolín. Siempre decía que partir ladrillos y tejas no demostrará nada hasta que las tejas y los ladrillos puedan moverse y pensar como seres humanos.

La vida privada de Wang era bastante misteriosa. Supuestamente, poseía varias tiendas de arroz y era líder de un movimiento religioso. Sí sé que era vegetariano y célibe. Dado que vivía en Taichung, le veía con poca frecuencia, pero cada vez que le visité se desvivió por impartirme una instrucción de lo más sólido. Alumno del famoso Chang Chao-Tung en el continente, el Xing Yi y el Bagua de Wang eran ortodoxos y estaban afinados a la perfección. Con su gran masa, sus enormes manos y su sorprendente velocidad, el objetivo del Xing Yi, ocupar el territorio del adversario, estaba conseguido con toda seguridad. El sistema interno insiste en el cultivo del Qi, la respiración profunda y un planteamiento de los aspectos mecánicos de la lucha drásticamente diferentes a los de Shaolín. Pero al igual que en Shaolín, tiene muchos practicantes que pueden soportar un puñetazo o una patada en la boca del estómago. Wang no sólo posee esta habilidad, sino que además puede usar su gran estómago contra el puño del atacante hasta el punto de romperle la muñeca. Esta prueba la ha realizado por toda Asia y nadie ha llegado hacerle daño ni de lejos. Grandes maestros de karate se han inclinado ante él al no conseguir penetrar en su barriga. Pero esto sólo no hace a un luchador. Frank “Cannonball” Richards, un artista de circo, tiene la capacidad de encajar fuertes golpes en el estómago. De hecho, Harry Houdini murió como resultado de su incapacidad al hacer este tipo de hazaña. Después de no conseguir hacerle nada a Wang en el vientre en una ocasión, le pregunté si podía soportar un golpe en el plexo solar. “Inténtalo”, dijo. Lo hice varias veces sin ningún efecto. Pero más allá de esta especial habilidad, Wang era capaz de hacer algo que no he visto hacer nunca a ningún luchador. Podía encajar cualquier patada en las extremidades inferiores (excluyendo, por supuesto, los genitales). Yo le pateé en las rodillas, las pantorrillas y los tobillos hasta acabar con los pies doloridos sin el menor efecto. Le pregunté, "¿Cómo lo hace?", y él respondió: “Qi” (Chi).

Estas habilidades no suponen nada más que una capacidad defensiva, pero en Wang, dejaban al atacante sólo dos objetivos: la cabeza y la entrepierna, ambas muy móviles y difíciles de alcanzar. Pero con todo, uno siempre podría preguntarse: ¿era capaz de luchar? Era capaz y lo hacía. En los últimos años, ha pasado gran parte de su tiempo en Japón y ha peleado contra varios maestros de karate de alto nivel. Ninguno ha llegado ni de lejos a poner en apuros este guerrero de setenta años. En el proceso, ha llegado a despreciar absolutamente el karate. Considera que las formas originales recibidas de China han sido distorsionadas y que las absurdas patadas altas y el endurecimiento del cuerpo no son capaces de garantizar nada enfrentados a la técnica verdadera. Y técnica es algo que le sobra. Utiliza el puño de Xing Yi con un giro de sacacorchos desde una distancia de una pulgada con mayor efecto del que la mayoría de los hombres consiguen con un golpe lanzado con todo el recorrido del cuerpo. John Bluming, campeón de judo amateur holandés y alumno de karate favorito de Mas Oyama, a pesar de haberse hecho daño en la muñeca en una ocasión contra el estómago de Wang, me preguntó por él con cierto escepticismo en una visita que hice a Tokio. "¿De qué más es capaz?", me preguntó John. Yo le acompañé a ver a Wang y le pedí que le enseñara su sacacorchos, pero que lo hiciera con suavidad. Wang puso sus dedos relajados sobre el estómago de Bluming, los cerró en un puño y presionó atornillando. Bluming se derrumbó retorciéndose de dolor y desde entonces ha creído en él.

Este puño no es más que una parte de su arsenal. Su palma de Bagua es como el hierro. Sus dedos caen sobre uno como si fueran taladros. Uno de sus trucos favoritos más desagradables es engañar a su contrincante para que se acerque y entonces tirar de él directamente contra su cuerpo mientras golpea al desgraciado con su vientre. Al poco tiempo de conocerle realizó esta táctica conmigo y yo también quedé convencido. Hung I Hsiang me contó posteriormente que a él le había dejado inconsciente con este movimiento. Una conversación que tuve con él después de practicar una noche en la casa de Shang Tung-sheng, es reveladora. Me dijo que para conseguir kung-fu en los dedos no era realmente necesario utilizar polvo de hierro como usan los adeptos de Shaolín. Lo único necesario es un entrenamiento regular de Hsing-I. Muchos luchadores afamados nunca han utilizado polvo de hierro. Un boxeador que conocía en el continente era capaz de romper un ladrillo dándole una palmada, pero esta habilidad le había costado la sensibilidad en los dedos, no era capaz de tomar una moneda. Y esto, razonaba Wang, era una gran pérdida, dado que la capacidad de agarrar vale tanto como la de golpear. Generalmente es preferible golpear con la mano abierta a golpear con el puño. Los dedos son más largos y tienen más capacidad de variación. La clave del "puño erguido" del peng-chuan de Hsing-I, es que al golpear se presiona hacia abajo, forzando una reacción ascendente que facilita el desenraizamiento del adversario. Todos los buenos boxeadores hunden los hombros al lanzar un puño. Finalmente, me dijo que una buena técnica vale más que diez mediocres.

Heredero de una gloriosa tradición, este gran hombre, este vegetariano y gran boxeador, continúa enseñando a unos pocos alumnos en Taiwan. En los últimos años ha pasado mucho tiempo en Japón, enseñando Taiji Quan, pero curiosamente no Hsing-I ni Pa-Kua. Phil Relnick, uno de sus alumnos de Taiji Quan en Tokio durante este periodo, me contó que él y otros americanos se estremecían de frío durante las sesiones de ejercicios que se realizaban al aire libre en el frío de Tokio. Para calentarse, se agarraban a la mano de Wang, que despedía calor como un radiador. Era simplemente imposible practicar con Wang y no creer en el Qi.

Preguntas al Maestro Deshimaru


¿Por qué somos imperfectos? ¿Eramos perfectos antes y ahora debemos volver a ese estado?

Es un problema de civilización. ¿Cuál es mejor, la civilización antigua o la moderna? En realidad es un falso problema, ya que no podemos saberlo. Originalmente el cerebro interno estaba muy desarrollado. La civilización ha desarrollado el cerebro superficial. Cuanto más crece el exterior, más se atrofia el interior. Hay un desequilibrio entre los dos que, a su vez, crea un desequilibrio nervioso, enfermedades mentales y neurosis, locura, como en el caso de Nietzsche y de otros muchos filósofos. La educación moderna se ocupa solamente del cerebro externo. ¿Cómo reforzar el cerebro interno?He estado en las grutas de Lascaux y Tessilí. Hace varios miles de años los hombres hicieron dibujos en esas grutas. Las pinturas son bellas y delicadas y me gustan más que las de Picasso. La evolución del hombre es un gran problema. La inteligencia se ha desarrollado mucho desde la Edad Media, pero ¿qué ha sido de la sabiduría? ¿Qué es la evolución? Los músculos se debilitan en la época moderna, así como el cerebro. Nadie evoluciona a pesar de que progresa la inteligencia, así como los conocimientos.Occidente debe fortalecerse. Espero que llegue a fusionarse con Oriente, a pesar de que no tenga la misma religión que Asia o África. Los africanos son combativos. Esta es la característica del desierto. La religión es fuerte en Africa. Los musulmanes se pelean y se organizan. Los asiáticos son más tranquilos. Ello proviene de la influencia de los monzones, que lo arrasan todo. Los asiáticos han desarrollado, así, la paciencia necesaria para sobrevivir. Buda no quería la guerra, quería la paz. Por eso se desarrolló el budismo e influenció a toda Asia.¿Cómo encontrar la verdadera paz para toda la humanidad entera? Los problemas políticos influyen en nuestro entorno. Debemos aceptar las ondas benéficas y rechazar las malignas. El esfuerzo es importante. Debemos hacer un nuevo esfuerzo, un nuevo estilo de esfuerzo. Los europeos no hacen demasiado esfuerzo. Pronto se cansan. La práctica del zazen es, por eso, importante. Los europeos son fuertes pero no, están motivados. ¿Cómo hacer un esfuerzo? ¿Cuál es la relación entre actividad y agresividad? Cuando la energía, la actividad, es fuerte, se la quiere utilizar. Si se utiliza para el mal se convierte en agresividad. Ese no es el camino. Debéis oponer la sabiduría a la agresividad. Nunca he dicho que haya que ser agresivo. Hay que practicar la sabiduría y crear una actividad verdadera. Hay que crear el equilibrio. La estupidez significa tener una buena sabiduría pero no ponerla en práctica por falta de actividad. Lo único importante es el equilibrio. Este es el sentido de la evolución.

Sí, pero a veces se está ansioso porque no se tiene ninguna meta en la vida...

No necesitáis ninguna meta. Aquí .y ahora debéis concentraros en lo que hacéis, en el trabajo cuando trabajáis, en la comida cuando coméis, en el aseo cuando estáis en el cuarto de baño... Si tenéis que hablar, hablad y decid únicamente lo importante para la situación. Si estáis concentrados aquí y ahora, esta concentración os seguirá hasta la muerte y os iluminará sin cesar. Aunque esta no es una meta especial.Por el contrario, hay que tener un ideal. El ideal es necesario. Ideal y meta son dos cosas completamente diferentes. El ideal más grande es el amor universal, no el amor egoísta. El amor universal no es una meta, es un ideal. La esperanza es también necesaria. ¿Qué es la esperanza? ¿Llegar a ser un político hábil? No tanto. ¿Llegar a ser un gran artista? Quizás. Por el contrario, ¿qué es un gran ideal? Es la acción sin la idea de provecho... Mushotoku. Este es el ideal más grande. Es inútil querer por encima de todo ser rico o adquirir honores. Tenemos que concentrarnos solamente aqui y ahora. Esto es el Zen.

Vivimos en un mundo de miedo. ¿Cómo superarlo?

Hay muchos tipos de miedo. Por ejemplo, el miedo a no superar los exámenes. No es necesario apegarse al examen. Es mejor abandonar la idea de aprobarlo. En ese momento el miedo desaparece. Se tiene miedo porque se está demasiado apegado al ego. El temor, el miedo, están relacionados con el apego.Es mejor huir del miedo. Hay que concentrarse aquí y ahora.El miedo es resultado de la duda, de la ansiedad. No apegaros demasiado a los peligros, no acercaros a ellos. Es mejor evitarlos. Lo contrario es estúpido. Debemos sentirlo en el interior de nuestro cuerpo cuando un accidente va a sobrevenir. Si hay demasiado ruido, demasiada agitación, es mejor permanecer sentado tranquilamente. No vayáis a lugares peligrosos. Para los que aman la aventura es diferente, desde luego.Es inútil tener miedo en la vida. Este miedo crecerá aún más silo rumiamos, si pensamos, si dudamos. Concentraros en la expiración. De esta manera el cerebro puede volver a la condición normal. No debéis ser egoístas. El miedo desaparece cuando se abandona el ego. Si vuestra vida es justa, seréis fuertes y no tendréis miedo. De todas maneras, no os mantengáis cerca del Demonio ni del peligro.

¿No podemos dar un sentido a nuestra muerte?

No tiene ningún sentido. No se debe dar ninguna justificación. Hay que morir, es todo. El momento en que se muere no es el más propicio para decirse: "¿Cómo voy a morir? ¿Por qué debo morir?". En un combate de sable, uno no puede decirse:"¡No quiero morir! ¿Qué voy a hacer si pierdo?". En un combate, el cuerpo y el espíritu actúan juntos y juntos aceptan. la muerte. ¡Para poder vivir!Es muy difícil abandonar el ego con el pensamiento. Pero con la práctica del cuerpo, en el zazen, aprendemos a abandonarlo. Las ángustias desaparecen en ese momento. Es muy dificíl con el pensamiento, ya que el pensamiento es egoísta. La muerte es fácil cuando se ha abandonado el ego. Cuando debamos morir, tenemos que morir sin titubear, sin nada. Pero si no es el momento de morir no vale la pena morir, hay que vivir. Esto está claro. De todas maneras comprendo lo que ha querido decir usted.