lunes, 12 de abril de 2010

Tai Chi Chuan



El tai chi chuan es considerado a menudo como una simple gimnasia terapéutica solamente interesante para las mujeres y los ancianos. Las apariencias engañan. Los movimientos son ejecutados lentamente durante años. Sin embargo, más de un temible experto ha lamentado amargamente un enfrentamiento con un Maestro de tai chi chuan . El secreto de este arte está en su nombre: la traducción literal significa en efecto “la acción” (chuan) de la energía (chi) en el cuerpo (tai). Verdadera Vía de la alquimia taoísta, el tai chi chuan revela al buscador paciente la llave de la ciencia de las energías. Y por lo tanto una cierta invulnerabilidad.. a condición de que no olvide que uno de los nombres dados a este arte es “la lucha contra su sombra”.


El tai chi chuan, cultivado por los maestros taoístas, representa una de las artes marciales más perfectas. Es al mismo tiempo un arte de combate, una terapia, una danza simbólica y una meditación del cuerpo. Como su nombre lo indica, este arte consiste en gobernar la acción de la energía en el cuerpo. Los Maestros afirman que hay que conservar el chi original ya que de la misma manera que mantiene la pureza del Cielo y la calma de la Tierra, permite la realización de un Hombre”.






De la misma manera que el Maestro Takuan aconseja dejar que el ki invada la totalidad del cuerpo, los taoístas y los Maestros del tai chi chuan afirman que el cuerpo humano es parecido a la tierra: posee ríos subterráneos. “Si estos ríos no son obstruidos, la circulación de la energía se produce naturalmente”. Esta sabiduría del cuerpo parece haber sido olvidada por un número demasiado grande de expertos contemporáneos que confunden “dominio del cuerpo” con musculatura, endurecimiento, resistencia y condición física “destructora”. Sin embargo, los adeptos taoístas no dejan de poner en guardia: “Un practicante del Tao preserva su cuerpo físico con la misma atención que tendría hacia una piedra preciosa, ya que el Tao no puede ser alcanzado sin el cuerpo...”

jueves, 18 de marzo de 2010

Los danes


Una ideología no se expresa en grados o dan (escalones). Con mucha frecuencia, el grado marca la debilidad en lugar de designar la fuerza. Del mismo modo, el espíritu de competición nos parece la puerta grande que se abre a la envidia, la duda, los celos, y también al orgullo, sentimientos todos que se sitúan al margen opuesto del Arma de Vida.

Si algunos supieran que su 2.º o 3.º dan no es, en realidad, más que un 2.º o 3.º escalón (tal es la traducción exacta del término japonés), imagino que gastarían menos tiempo en fantasmas inútiles. Sólo se llega a la pureza de los grandes maestros desentendiéndose de cuanto obstruye el espíritu.

Un día, alguien preguntó a un maestro que no llevaba grado porque siempre estaba vestido con un hakama blanco, signo evidente de pureza,
- La razón es simple – confesó el maestro -, el blanco es tanto más fácil de lavar… esta respuesta lacónica desmitifica por sí sola toda esa ornamentación de indumentaria, parodia del “conocimiento”.



Un alumno de artes marciales resultaba derrotado constantemente durante las prácticas por un contrincante más capaz. Había usado todo el repertorio de movimientos estratégicos y cada uno había sido contrarrestado enseguida. Al final de la contienda, sintiéndose derrotado, fue a ver al maestro para que le aconsejara. El maestro, ala verlo disgustado, dibujó en el suelo una línea de unos dos metros.

- ¿Cómo puedes acortar esta línea? – le preguntó.

El estudiante observó la línea y dio varias sugerencias, incluyendo cortar la línea en varias partes. El maestro sacudió la cabeza y dibujó una segunda línea, más larga que la primera.

- ¿Cómo la ves ahora?

- Más corta – dijo el alumno.

El maestro asintió:

- Es siempre más adecuado mejorar tu propia línea o conocimiento, que tratar de cortar la línea de tu contrincante.

jueves, 11 de marzo de 2010

Pensar sin pensar


Sigmund Freud no se sorprendió al encontrar algo “peculiar” en el cerebro. Él postuló su existencia. Y lo llamó El Censor. En el Zen nosotros lo llamamos nuestro Yo Búdico. Este estado espontáneo es precisamente el estado sin ego que un artista marcial lucha por lograr. Una historia budista muy antigua nos ayuda un poco más a clarificar las diferencias entre el pensamiento espontáneo y el pensamiento maquinado:
Un novicio se acerca a un maestro Zen y le suplica que lo acepte como discípulo. – Te acepto – dice el maestro – con la condición de que puedas decir una palabra de verdad. Regresa cuando puedas decírmela. El novicio se retiró y comenzó a pensar hasta que decidió que tenía la palabra
correcta. Entonces él regresó a donde su maestro y se arrodilló frente a él. A la señal del maestro, el novicio en baja voz pronunció – Buda.
- ¡Fuera de aquí, tonto – gritó el maestro – y no regreses hasta que puedas pronunciar una palabra verdadera!
Otra vez el novicio piensa y piensa y decide que ha encontrado otra palabra. Entonces regresa de nuevo a su maestro, se arrodilla y susurra – Amor.
- ¡Fuera de aquí, tonto – gritó el maestro – y no regreses hasta que puedas pronunciar una palabra verdadera!
El novicio piensa en algunas otras palabras y finalmente decide que tiene una. Regresa a su maestro y se arrodilla frente a él, el maestro lo patea. Y el novicio salta y grita – ¡Ay! Siéntate – dice el maestro. – Has pronunciado una palabra verdadera.

Los pensamientos generados en la consciencia del ego son usualmente pensamientos comprometidos al servicio del ego. Ellos son el producto de la deliberación y como tales tienen un tiempo lineal de manufactura. Las intuiciones espontáneas, simplemente porque ellas ocurren sin ninguna consideración de las ventajas o los detrimentos, no pueden descarriarse ni desviarse, son directas, inmediatas y verdaderas.
En un ambiente monástico, el entrenamiento es continuo y sin interrupción siendo un proceso completo e íntegro. El desarrollo del novicio siempre ha sido atendido ya sea en un área u otra. Para el novicio impaciente siempre ha sido un misterio la forma en que se desenvuelve el currículo espiritual, pero su entrenamiento en las artes marciales es usualmente claro y explícito. Un acercamiento, que ha tenido una carrera legendaria larga y colorida, es caracterizado en la siguiente anécdota:

Un novicio entra en un monasterio preparado para una instrucción teológica seria, solamente para descubrir que a cada monje en la institución se le ha dado permiso de pegarle o patearle, no sólo a voluntad, sino en los momentos más inesperados, y en los lugares más improbables. Él puede estar caminado en el jardín, o trabajando, o comiendo, o sentado en su privacidad, cuando de repente un monje que está pasando por allí lo ataca. Los golpes son duros y dados al azar, y llegan de diferentes direcciones, por lo que el novicio, descorazonado y atacado por lo que parece ser una perpetua novatada, rápidamente duda que pueda sobrevivir su primer año de novato, o incluso la primera mitad de él. Dado que él no puede iniciar el ataque, se encuentra a sí mismo en una situación curiosa: antes que pueda contar un golpe, debe primero ser capaz de bloquearlo – y además de esto, él carece de la destreza para hacerlo. Desgraciadamente él no posee armas de fuego. Dentro o fuera de un monasterio, la mejor forma de tratar con un problema es, por supuesto, evitarlo; y el novicio rápidamente aprende a determinar cuando un golpe es inminente. Él estudia el acercamiento del monje. ¿Es su expresión diferente justo antes de golpear que cuando pasa sin intentar hacerlo? Cuando él golpea, ¿vendrá su golpe de la derecha o de la izquierda? ¿Con el puño o con la mano abierta? ¿De arriba o de abajo? ¿A qué punto él dirige su mirada cuando está golpeando? El novicio llega a ser extremadamente observador y pronto reúne un compendio de los más increíbles y sutiles gestos y características acerca de sus atacantes en potencia. Ni un ligero matiz pasa desapercibido. Él no tiene otra alternativa en esto: no puede mantener la tensión de una alarma constante, una sirena de alarma que no cesa. Todos los animales tienen un modo de ataque, de actitud, o postura; y los humanos, siendo miembros del reino animal, comparten esta característica de conducta. La discreción es todavía la mejor parte del valor; y un entendimiento preciso de las intenciones de un oponente en potencia es mejor que un estado constante de Alerta Roja. Así que el novicio se somete a un juego de entrenamiento, una competencia de entendimiento, ingenio y sentido común que requiere una concentración enorme; y la concentración, como sabemos, es el primer paso en la meditación. Es en este punto, que el curso de un simple practicante difiere del diestro. El sine qua non [el resultado] del verdadero artista marcial es su conducta pacifica y su paz, como pasa, en el estado vanagloriado del Budismo. Siendo los Budistas Zen los artistas marciales de las destrezas más mortales y completas, no son otra cosa que la calma y la serenidad. En la superficie, la paradoja define la incongruidad: el guerrero pacífico. ¿Funcionan estas características opuestas a pesar de cada una o por cada una? Tomemos una mirada simple admitiendo su oposición aparente. Al igual que el cerebro tiene dos mitades independientes pero cooperativas, el cuerpo tiene dos sistemas nerviosos autónomos: el simpático y el parasimpático.

El sistema nervioso simpático es activado cuando se origina el temor, la furia, el dolor, y peculiarmente la eyaculación seminal. A través de soltar adrenalina en la corriente sanguínea, se produce un aumento en la rapidez de los latidos del corazón y de la presión arterial, y una sequedad en la boca. El estado mental concomitante es de preservación propia, y la atención se ajusta y enfoca hacia las demandas egoístas. Las entradas sensoriales disminuyen. Cuando estamos luchando por nuestras vidas, no disfrutamos las fragancias de las flores. No sabemos en que nota estamos gritando. Y la valiosa seda marca ‘Gucci’ la penetramos con un cuchillo de acero, destrozándola sin apreciar su belleza.

El sistema parasimpático es activado para alimentar los deseos sexuales. La presión arterial y latidos del corazón disminuyen a medida que segregamos saliva hasta el punto de babear. Los besos largos y húmedos o el filete miñón con salsa Bernesa: en los dos, las bocas jugosas estánpresentes. En ese momento la sangre se necesita en todas partes menos en las extremidades del cerebro y las piernas y todo disminuye para dejarnos disfrutar su ‘alberca central’. El estado mental concomitante es cordial, expansivo y apreciativo de los sentidos. Olemos los perfumes. Gustamos de la canela. Escuchamos el chasquear de la carne al freírse o sentimos la más leve y tenue brisa en nuestra oreja. Pronto, estamos completamente alerta del momento a medida que lo disfrutamos y compartimos. Asumiendo que no somos psicópatas o pervertidos, estamos pacíficamente gozosos y de ninguna forma, buscando por pelea.

Entonces, no deberíamos sorprendernos, que las técnicas de meditación faciliten respuestas parasimpáticas, que el hambre y la preparación para la alimentación son excelentes incentivos para agudizar la alerta sensorial, y que a los artistas marciales o a los meditadores siempre se les ha aconsejado que no practiquen ‘con un estomago lleno’.

A medida que el cuerpo se relaja, la mente se expande. La actividad del cerebro disminuye para incrementar el estado de alerta. Las ondas del cerebro van desde la conciencia alerta, aunque normal de los ritmos comunes de beta hacia alfa, más lenta y alerta a los sentidos, siguiendo hasta los ritmos de la theta, con frecuencias asociadas con los estados de relajación profunda, alerta subliminal, y la majestuosa Zona Meditativa. Claramente, un combatiente que experimenta miedo o dolor, inhibe la habilidad de entrar en la Zona. La primera de las disciplinas necesarias que el artista marcial debe dominar es Pranayama, la ciencia de controlar la respiración y circular la energía. Cada programa de entrenamiento incorpora su práctica rigorosa. Cada “forma” de arte marcial debe ser aprendida con la inhalación y exhalación en la respiración apropiada de acuerdo a con los movimientos coreográficos. Naturalmente, estas formas deben ser practicadas hasta que se hagan reflexivamente. Igualmente como frecuentemente manejamos un automóvil en el tráfico, frenando en la luz roja, y evadiendo los transeúntes tan frecuente como posible, con todos nuestros movimientos automáticos, y teniendo
nuestras mentes embebidas en otros escenarios, así que los estudiantes de las artes marciales deben aprender las formas variadas tan completamente que puedan ejecutarlas inconscientemente.
La respiración controlada invariablemente disminuye el ritmo de la respiración, iniciando una curva biológica de consecuencias: porque la respiración disminuye, la presión arterial baja, el estado de alerta aumenta, y en este estado relajado y no vulnerable, se puede entrar a la Zona meditativa. El artista marcial debe mantener una conducta pacífica, dado que, antes de que su mente pueda entrar a la zona superior del estado meditativo, ella debe pasar a través de esta etapa ‘base’ de relajación. La tensión, un producto del miedo, la ansiedad, la agresividad, el dolor o la furia, causará a su sistema nervioso simpático la segregación de adrenalina; y esto le impedirá de experimentar este necesario estado de alerta tranquilo. Todas las líneas subliminales de información serán por lo tanto obstruidas.
Preservar la paz es una compostura singularmente militar. El entrenamiento Budista del estudiante complementa su régimen físico. El Camino Óctuplo requiere que él examine todas sus acciones para determinar si ellas son inofensivas, generosas, autónomas, y en dirección hacia su madurez. El estudiante que desatiende su desarrollo espiritual inmoviliza su progreso, lo detiene al nivel de la conciencia atlética. Debe importarle verdaderamente el bienestar de los otros seres humanos. Debe dedicarse a su salvación tanto como a la suya propia. Debe ser receptivo con sus necesidades, gentil en su ayuda, y generoso en su perdón. En todo esto debe personificar la humildad. Este es el entrenamiento Budista básico sin importar si la disciplina es arreglar flores, servir el té, el arco y la flecha, o la esgrima. Por lo tanto, no es desde los motivos completamente altruistas que el maestro de las artes marciales insiste sobre el código esencialmente pasivo del Wushidao/Bushido. El peleador resistente e imperturbable debe instalarse por sí mismo en la Zona de no-ego de la atención absoluta, por ejemplo, el estado meditativo puro.

Por lo tanto, en cualquier situación en la que haya una confrontación, el maestro instruye a sus discípulos a reducir el estrés o la tensión: el guerrero debe primero enérgicamente luchar para evadir el conflicto a través de eliminarse él mismo elegantemente de la ecuación argumentativa. Si su antagonista persiste, debe tratar de debilitar la ansiedad de su irritación disculpándose por haberlo ofendido inadvertidamente. Debe asegurarle a su antagonista que no tiene ninguna intención de causarle ninguna inconveniencia o humillación sugiriéndole caminos pacíficos para resolver la disputa.
La totalidad del entrenamiento de las artes marciales es: la introducción de los valores Budistas del amor y la comprensión; la adquisición de un estado natural de vigilancia; el perfeccionamiento en el trance-inducido o hiperestesia (la habilidad de responder a la data subliminal); la obediencia disciplinada a las reglas de la batalla; la observancia clara e inequívoca a los objetivos de paz; la aceptación de la humildad que promueve el control de la mente y el cuerpo; y las destrezas de combate adquiridas a través de una práctica constante.
El secreto del maestro es que funde en su destreza una seguridad de pensamiento. Nunca llega a ser emocional. Su enfoque es sobre la reconciliación y no sobre la preservación o la postura egoísta. Si no puede sentir completamente amor genuino por su antagonista, puede por lo menos sentir respeto y benevolencia. Se siente más honrado en ceder que en conquistar. La actitud del guerrero Zen se logra y se mantiene en el angosto y comparativamente largo balance del entrenamiento – por un lado marcial y por el otro espiritual – en una progresión circular trazada
indefinidamente en las disciplinas de la meditación. Esta es la observancia y acatamiento del Credo del Paladín: El Wushidao.
Conclusión
Los maestros Zen frecuentemente dan muchas cosas por sentadas. Nosotros somos como maestros de escuela que encuentran un error en la forma que un estudiante deletrea una palabra y le exigen que le diga por qué deletreó la palabra incorrectamente. El estudiante responde – yo no sabia que la escribí incorrectamente. Entonces miramos a sus ojos y le ofrecemos un consejo sabio, “Si no sabes como deletrear una palabra, búscala en el diccionario”. Un consejo para la vida
entera. Desgraciadamente, asumiendo que estamos suficientemente inspirados por la duda para abrir el diccionario, muy a menudo tenemos que saber como deletrear una palabra antes de que podamos buscarla. El inglés es así de raro. Como también lo es el Zen.
Los maestros de artes marciales exigen que un estudiante enfoque su atención en el Hara. Se cree, correctamente o no, que el peso del cuerpo es proporcionadamente distribuido alrededor de ese punto y que es una clase pivote de balance. – ¡Concéntrate en el Hara! La instrucción es la misma en todas partes. Pero en ninguna parte, aparentemente, nadie puede decirte con precisión cómo hacerlo. Un maestro de Aikido una vez me confió que su maestro le había insistido fervientemente que se sentara en meditación “concentrándose en su Hara” y habiéndosele dicho que el Hara era un punto que se encontraba “un par de pulgadas más abajo del ombligo y detrás
de él”, él trató de concentrarse en esa zona. Me dijo que por meses se sentó allí tratando de visualizar sus intestinos. Esto fue un poco desconcertante y diríamos carecía de cierta estética. En su lugar, decidió imaginarse que su Hara era una estrella y que un grupo de planetas imaginarios rotaba alrededor de su universo abdominal. El esfuerzo le brindó una nueva comprensión y conocimiento en la astronomía pero no contribuyó en lo absoluto a profundizar su Zen. El Hara es un lugar. Es un lugar especifico en el abdomen donde la aorta, la arteria mayor del cuerpo, se desvía en dos para llegar a ser las arterias femorales (de los muslos). La sangre que atraviesa la aorta, se mueve bajo una gran presión y cuando choca a su paso esta bifurcación se golpea al entrar en ella.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Bonsais


Los bonsáis fueron vistos en la naturaleza por aquel entonces, con un alto grado de espiritualidad, ya que admiraban la forma que habían sobrevivido los árboles de las altas montañas, que por fuertes vientos, y su lucha contra la naturaleza, le dieron formas increíbles, y a su vez pequeñas.
ALGUNAS REFLEXIONES:
* "El hecho de que su árbol nunca pueda estar terminado es parte de la aventura y el misterio del Bonsáis".

* "La perfección no es bella, lo bello es la imperfección ordenada."

* El Bonsáis es un arte y mucho del proceso de formación sigue siendo un misterio, eludiendo la palabra escrita.

* El año próximo habría sido el pasado si este año fuera el año siguiente al próximo.



El Maestro preguntó al aprendiz: ¿Qué ves?
- Un viejo árbol medio podrido.
El Maestro dijo: Ves, pero no ves, en él duerme un Dragón. Más tarde el aprendiz pregunta a un alumno más experimentado: - ¿Qué debo hacer? puesto que sólo veo un viejo árbol podrido.
A lo que el otro sonriente le responde: Yo empezaría por quitar lo podrido, pero sin despertar al Dragón.

* Si dudas entre cortar una rama o no, córtala, ya no hay duda.

* Durante la clase el discípulo increpa al maestro; " Maestro, siempre que nos cuenta una historia, no nos revela su auténtico significado. A lo que el maestro responde: "¿Te gustaría que alguien, al ofrecerte una jugosa fruta la masticara antes?".

lunes, 14 de diciembre de 2009

Jardin Japonés


SENTIDO DEL JARDIN JAPONES

Principalmente, reconocer el concepto de que la naturaleza es un ideal por el que vale la pena esforzarse. En ese sentido, puedes idealizarla, e incluso simbolizarla, pero nunca debes crear algo que ella no pueda hacer por sus propios medios.
Por ejemplo, nunca encontrarás un estanque cuadrado en una zona silvestre. Ciertamente, podrías utilizar una cascada, pero no una fuente. Otro punto clave a recordar es el equilibrio, o sumi. Siempre debes tratar de crear grandes paisajes, incluso cuando dispongas del más pequeño de los espacios.
Ese hermoso pedrusco de nueve toneladas mira directo a la casa desde el jardín de 50 x 50 metros, pero ¿qué efecto tendría en un patio de 10 x 10? Tendría toda la gracia y sutileza que tendría un caballo en un closet. La moraleja: escoge tus componentes con mucho cuidado.
Las rocas pueden representar montañas completas, y las piscinas se convierten en lagos. Un montón de arena rastrillada se puede convertir en un océano entero. La frase “menos es más” fue seguramente dicha por primera vez por un maestro de la jardinería japonesa.
Elementos de tiempo y espacio
Una de las primeras cosas que llama la atención de los ojos orientales que se disponen a contemplar un jardín japonés es el “vacío” de proporciones del mismo. Esto resulta inquietante, sobre todo para jardineros acostumbrados a llenar cada espacio del jardín con amotinamiento de colores, pero es el elemento clave en el diseño de jardines japoneses.
Este espacio, o ma, define los elementos que lo rodean, y es asimismo definido por los elementos alrededor de él. Es el verdadero espíritu de in y yo, que muchos de nosotros conocemos con las palabras chinas yin y yang. Sin la nada no es posible tener algo. Este es un punto difícil de entender, pero es el principio central de la jardinería japonesa.
Otro punto clave a considerar es el concepto de wabi y sabi. Como ocurre con muchas palabras japonesas, no hay traducción que podamos aplicar. Wabi puede denotar algo único, o el espíritu de algo; lo más cerca que podemos llegar de una traducción literal es “solitario”.
Sabi define el tiempo o la imagen ideal de algo; la definición más cercana podría ser “pátina”. Mientras un farol de cemento puede ser único en su tipo, carece de esa imagen ideal. Una roca puede ser vieja y cubierta con líquenes, pero si sólo es un canto rodado no tiene wabi. Debemos luchar para encontrar ese equilibrio.
Ambos conceptos –de ma y wabi/sabi- tienen que ver con el tiempo y el espacio. Donde el jardín es nuestro espacio, el tiempo es apropiadamente presentado por las estaciones cambiantes. A diferencia del jardinero occidental -quien abandona el jardín desde el otoño y no vuelve a aparecer hasta la primavera- el jardinero japonés visita asiduamente y aprecia su jardín en todas las estaciones.
En primavera puedes deleitarte en el verde brillante de los nuevos capullos y las flores de las azaleas. En verano, tienes la posibilidad de apreciar los contrastes del exuberante follaje pintado sobre frescas sombras y el salpicado de koi en el estanque. El otoño arranca los colores brillantes de las hojas moribundas mientras caen en el silencio mortal del invierno; el jardín enterrado bajo un velo de nieve...
Los inviernos, en Japón, son una estación tan apropiada para la jardinería como las primaveras. Los japoneses hacen referencia a la nieve apilada en las ramas de los árboles como sekku, o flores de nieve. Asimismo, hay un farol, conocido como yukimi, que es conocido como el farol para visualizar la nieve.
Incluso, esta estación, que representa la muerte del jardín, es vital para el jardinero japonés, mientras el jardinero occidental se enfurruña hasta la primavera. Quizás se trata de la aceptación oriental de la muerte como un componente necesario del ciclo de vida -¿o es el miedo del occidental a la muerte?- que diferencia a los dos jardineros.




Los jardines japoneses son muy diferentes a los estilos de jardines de occidente. La mayoría dicen que los jardines japoneses sirven más para tranquilizar el alma e inspirar la meditación. Los jardines japonese son una forma cultural de jardinería destinada a producir una escena que imite a la naturaleza cuanto sea posible. Utilizando árboles, arbustos, rocas, arena, colinas artificiales, lagos y agua que fluye, la jardinería se vuelve una forma de arte. Las tradiciones Zen y Shinto son ambas una parte importante de la jardinería japonesa y, por esta razón, los jardines poseen un estilo contemplativo y reflexivo.



DISTINTOS SÍMBOLOS DEL JARDÍN JAPONÉS

• SIMBOLOS: Las rocas pueden representar montañas, el agua puede ser una laguna, y la arena rastrillada un océano. El jardín es un microcosmos de la naturaleza, y para ser un verdadero refugio primero debe estar aislado del mundo externo. Una vez creado este espacio debemos crear un método (y un estado mental) para entrar y salir de este microcosmos. Si el jardín está vallado, el que lo ha diseñado ha podido controlar cómo ha de ser visto por su visitante, y aunque cerrado, ha podido utilizar la técnica del “paisaje prestado” para agrandar sus líneas.
El primer elemento que encontramos al entrar en un jardín vallado es el camino.

• CAMINO: Un camino es una “guía”, marca un cadencioso ritmo para circular, para decidir lo que se ve.. es una forma de “revelar” el jardín. Su diseño ha de ser cuidadoso para conseguir el efecto esperado.

• ROCAS Y PIEDRAS: Cómo en todos los jardines, las rocas pueden tener un fin práctico, como retener muros.. pero en los jardines japoneses también son percibidas como objetos que contienen el espíritu de los dioses o poderes especiales, como símbolo de las montañas, como espacio para la manifestación pictórica o como elemento escultural.
Si el camino puede ser símbolo del paisaje por la vida, una piedra más grande en medio de éste nos invita a poner dos pies en ella, obligándonos a detenernos para observar, pensar, sentir , si nos dejamos capturar por el jardín, el jardín se revelará a nosotros.

• ISLA Y MONTAÑAS: Un grupo de cantos rodados puede ser una cordillera de montañas, donde se dice que viven los inmortales, y que son los símbolos más comunes de felicidad. La isla simboliza otro mundo.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Reflexiones


Pintura y caligrafía

El Zen también se trasmite a través del cultivo de las artes. La pintura, la caligrafía, la poesía, la música, la danza, el tiro con arco, la esgrima, los arreglos florales o la ceremonia del té constituyen disciplinas de apoyo a la meditación, con las que el alumno ejercita su cuerpo, su psiqué y su espíritu; son, por tanto, actividades ligadas a la propia realización interior del que las practica, dado que estas artes derivan o tienen su origen en la esencia misma del Zen. "La realización original es una práctica maravillosa", afirma un dicho Zen, mediante la cual se experimenta una evolución hacia el punto de vista universal.
La pintura Zen es una síntesis entre la caligrafía, la música y la poesía. En ella se contrapone por un lado la delicadeza de los trazos y la fragilidad de los materiales (papel de arroz, seda, tinta), y por otro, la firmeza y el buen pulso que debe poseer (o desarrollar) el que lo ejecuta. Es la impronta, como el fulgor del rayo, lo que debe reflejar el trazo. Esta técnica le da a la pintura la apariencia de obra inacabada, o mejor dicho, no retocada, pues no es el perfeccionismo de la obra lo que la convierte en imagen de la Belleza de las cosas: su verdad, siendo ese trazo inacabado el símbolo con que se sugiere la idea de infinito. Por analogía, siempre seremos más ese trazo que surge espontáneo y natural que cualquier imagen acuñada que tengamos de nosotros, como ser fulanito de tal. Todo eso son imágenes que no manifiestan nuestra naturaleza, sino una serie de anécdotas que nos hacen aparecer como el producto de un tiempo y unas circunstancias determinadas, pero que en definitiva no son más que contingencias de nuestro ser, es decir, un equívoco que condiciona nuestra verdadera naturaleza búdica.
Cuando se llega a aprehender el sentido de la pintura Zen, el trazo es decidido y sin titubeos, reflejándose en él la tranquilidad de quien está acometiendo una acción guiada por un instinto superior al del simple virtuosismo, pues se trata de sentirse partícipe de un gesto primigenio que se perpetúa en la intención del trazo. Es decir: unidos a la idea que lo contiene, que es anterior a la manifestación de ese gesto.
Ese trazo inacabado o abierto, es un indicativo de las múltiples posibilidades de desarrollo contenidas potencialmente en un único gesto, como símbolo del Trazo Primigenio y por consiguiente un símbolo de la verdad incognoscible, Principio que está más allá de la propia creación. Ese trazo abierto es una sugerencia sutil, pero nítida, que nos pone en condiciones anímicas e intelectuales de advertir que más allá de todas nuestras percepciones, el misterio se abre ante nosotros como una clara realidad. "La mayor perfección -dice Lao Tse- debe parecer imperfecta, entonces será infinita en su efecto; la mayor abundancia debe parecer vacía, entonces será inagotable en su efecto".
A través de la pintura y la caligrafía, se descubre el Zen. El practicante debe integrarse completamente en la obra, como si ésta constituyera una fase de su propia respiración. En el flujo que une la idea o inspiración artística con la propia obra, se halla el hombre como intermediario creador o intérprete, lo cual da a cualquier creación el sentido verdadero de arte.
En el arte, tomado como vehículo de Conocimiento del Ser, o del Zen, no tiene cabida el artificio estético, ni ninguna otra clase de falseamiento de la obra ya que ésta es, ante todo, el resultado de la comprensión de las enseñanzas adquiridas por el artista y por consiguiente nunca un objeto separado de él, pues ambos (objeto y sujeto, u obra y artista) forman parte de la misma revelación. Esa es la experiencia vital Zen que no necesita, ni seguramente le convienen, mayores explicaciones.
La Cosmogonía es la obra artística por excelencia, su pálpito, que es la vida, está en todo lo que existe y no tiene fin. Toda esa maquinaria celeste y terrestre está al descubierto y al mismo tiempo hoy nos está velado reconocerla. Se dice que antes de estudiar el punto de vista Zen uno ve las montañas como montañas y las aguas como aguas. Una vez se ha alcanzado mayor conocimiento, se comprueba que ni las montañas son montañas ni las aguas, aguas. Y cuando se llega a la substancia y se siente la sorpresa que es la vida, entonces vuelve a ver las montañas como montañas y las aguas como aguas.
La pintura Zen, efímera y simplista (a veces se pinta también sobre hojas de árbol) es al mismo tiempo muy enérgica en los trazos, lo que le da vida y movimiento, consiguiendo reflejar con la misma intensidad tanto el movimiento (yang) como la más reposada quietud (yin), dado que lo que verdaderamente capta el artista Zen no son las formas, sino la vida que fluye en ellas. Estas dos energías, implícitas en todo, se hallan representadas de manera análoga en la simbología de otras tradiciones, lo que indica que en otro tiempo esto era completamente evidente para todos los hombres. Paradójicamente, hoy, no habiendo cambiado nada de esa realidad, los hombres no somos capaces de advertirlo y son necesarios métodos y disciplinas que nos ayuden a recuperar de nuevo esa perspectiva del mundo. Es el caso del símbolo del caduceo de la tradición hermética, mediante el que se nos revela que la vida siempre se expresa por contrastes; de ahí la necesidad de complementar los opuestos, pues en definitiva de esa unión procede la propia respiración del universo, es decir, que sin esta síntesis no es posible la vida, idea representada, en este símbolo, por el eje vertical a través del cual ascienden estas fuerzas representadas por dos serpientes enroscándose en torno a él. Se dice que "la iluminación (la Verdad) existe, y si nada le sugerimos quizá se nos revele como muy diferente".
En una de sus pinturas, en la que se ve un mono colgado de la rama de un árbol que cae sobre un estanque donde se ve reflejada la luna, el maestro Hakuin, escribió los siguientes versos:

"El mono trata de alcanzar la luna reflejada en el agua.
No se dará por vencido hasta que la muerte le derrote.
Si fuera capaz de soltar la rama y hundirse en el estanque,
El mundo entero brillaría con claridad deslumbrante".
También se pintan historias donde se captan situaciones vividas por antiguos maestros y que constituyen enseñanzas expresadas en forma de leyenda en imágenes, y algunas suelen ir acompañadas de poemas. En una de estas pinturas se ve a un monje calentándose en una fogata alimentada con la madera de una estatua de Buda. Sobre esta pintura se cuenta la siguiente leyenda:
"Tan Hsia, un monje vagabundo, llegó a un templo abandonado una noche muy fría de invierno. Soplaba el viento y caía la nieve, Tan Hsia decidió que el mejor servicio que podría prestar a Buda era darle calor, y quemó un Buda de madera que había en el Templo para calentarse".
La pintura Zen muchas veces representa a los maestros en actitudes poco dignas, como limpiándose las orejas, harapientos y burlones, lo que indica, una vez más, que al camino del Zen le sobran las reverencias y el ceremonialismo. A través del arte el Zen promueve iniciar al alumno a captar el hálito del mundo. Cualquier cosa, y todas las cosas, lo manifiestan. Bastaría con que fuéramos capaces de contemplarlas con serenidad inteligente y veríamos que todas están completamente armonizadas. Se trata de reeducar nuestra visión del mundo, de modo que podamos darnos cuenta de esa realidad mágica, pues permanece oculta ante las miradas de todos. El buen observador, cuando contempla las cosas con los ojos de la inteligencia, no sólo mira o ve, también oye y escucha, huele y saborea, y todo eso a la vez que respira y siente. ¿Y acaso ese observador podría ser otra cosa fuera de todas esas percepciones? ¿Dónde situaría uno, cuerdamente, el límite de su individualidad? ¿No es acaso el que contempla el continente y contenido? ¿Y no es acaso la unidad de formas y sensaciones lo que percibimos y nos envuelve? Es por eso que sentirse fuera de esa cosmovisión convierte al ser humano en "desterrado" de su propia realidad trascendente.




viernes, 9 de octubre de 2009

Sabiduria


"Se tu mismo y nunca temas estar desnudo a los ojos de los otros, pero recuerda que a veces los hombres se ocultan y que lo sencillo muchas veces no es comprendido. El polvo de la verdad flota y se cuela por todas las rendijas. El árbol que cae ...en el bosque sin que nadie lo escuche, no hace ningún ruido y, sin embargo, cae".


"Deja que afloren las lágrimas cuando tu corazón te hable de tristeza. Deja que la alegría llegue sin buscarla, sin planearla".


No busques qué dar... Date a ti mismo...


Si comparas lo que eres con lo que debes ser..., verás que lo que te falta..., es mucho más que lo que tienes...Por eso debes ser más humilde por lo que te falta..., que orgulloso por lo que tienes...


"Yo he cometido un daño aún mayor, por haber dejado que se aferren sólo a la letra de la ley y no a respetar su significado. Les pido perdón".


"Ser violento es ser débil, la violencia no tiene razón. No es más sabio buscar el amor en el hombre, que desear una victoria fácil".



"Un hombre que es uno consigo mismo no persigue sus propios intereses ni hace virtud de la pobreza, sigue su camino sin tener que depender de otros. Sin embargo, no es arrogancia lo que le mueve a ello, el hombre más grande es Nadie".


"La brisa que arrastra la semilla no hace favoritismos, las semillas caerán donde tengan que caer según las condiciones del viento y del tiempo. Las que caigan en tierra fértil podrán ser atendidas y cuidadas y florecerán con fuerza. Las que caigan en tierra baldía morirán. Sin embargo, algunas se aferrarán a la vida en lugares áridos, en las colinas y en hendiduras profundas".


"El Amor es como un riachuelo que corre y no se escucha. Sin embargo, canta para que los otros lo oigan. Sentir el dolor con infinita ternura. Despertar con el corazón alegre y dar gracias por tener otro día de amor. Vaciarte tu mismo y, sin embargo, estar lleno. Un hombre viejo te lo dice, sólo así se conoce el Amor".